por GONZALO VALLEJO LEGARRETA

La Nueva Izquierda deberá buscar novedosos postulados que sean realmente populares para poder de manera pétrea, con Partidos con solidez teórica y ética, proyectarse como una opción valedera de gobierno, desarrollando proposiciones sociales capaces de alejarse del dominante capitalismo, con objetivos precisos y estrategias que definan un trabajo hacia un cambio de mentalidad absolutamente progresista y alejada de toda connotación economicista. Hay que implementar entonces un buen plan para aumentar la conciencia social e incrementar las bases para una lucha democrática y popular contra el neoliberalismo.
La corrupción, corruptores y corruptibles, es una lacra que ha manchado a los líderes de casi todos los países de América Latina, corrupción propiciada por una derecha económica sin conciencia que no trepida en lucrar siempre a costa de aquellos que sufren de una pobreza cada vez más endémica y realmente trágica. El ser humano es alguien absolutamente débil ante el poder del dinero, lo que nos hace pensar, más aún por la época en que vivimos, en la precaria condición valorativa del político actual quien ha caído en las redes poderosas del consumismo esclavizador. Muchos dirigentes de la izquierda latinoamericana han sido víctimas de acusaciones indignas y viles por parte de poderosos grupos económicos que lo único que hacen es enlodar la imagen transparente e intachable de estos adalides políticos elegidos democráticamente. El caso de Lula da Silva, quien ahora está recluido en una cárcel por delitos de corrupción que simplemente no ha cometido es un acto de inmoralidad y venganza por parte de aquellos que detentan el poder en las sombras.

[quote]El ser humano es alguien absolutamente débil ante el poder del dinero, lo que nos hace pensar, más aún por la época en que vivimos, en la precaria condición valorativa del político actual quien ha caído en las redes poderosas del consumismo esclavizador. [/quote]

No creíble que Lula, obrero de la industria metalúrgica, gran dirigente sindical e hijo de esforzados trabajadores, sea partícipe o cómplice de estos deleznables delitos promovidos por los monopolios transnacionales. Lula no es un delincuente. Su encarcelamiento es una injusticia, una violencia jurídica, pues quienes deberían estar en la cárcel son los promotores de estos delitos que pululan en todos los estratos políticos de manera transversal. Entonces, ser de izquierda, ser parte de una Nueva Izquierda, debe ser fuente de un profundo discernimiento político, de un actuar inteligente y consecuente, de una conjunción de teoría y praxis, con cabales conocimientos y sólidos debates ideológicos de la realidad social, con la necesaria solidaridad para formar una neo sociedad equitativa y cristalizar la lucha estructural en favor de los postergados de nuestra pobre América Latina, región que cuenta con el peor índice de distribución social de la riqueza. Esta Nueva Izquierda debe erradicar de manera contundente la cultura de la corrupción, para asentar, parafraseando a Martí, la gran Patria Moral.