Por GONZALO VALLEJO LEGARRETA

La carta de despedida, la carta que sólo ella comprendía, la carta escrita con tinta huérfana y espinosa, la carta que tenía que escribir para explicar la razón de su partida de este mundo sin razón y que sólo una mente mágica de sumergidas campanas pudo haber escrito con la belleza de un río letárgico y desnudo. El mundo le negó las luces puras y los aleteos de vuelos trashumantes. Sus palabras misteriosas y angustiantes develan interrogaciones de silenciosas soledades y de lágrimas olvidadas. Imagino su casa inglesa, casa que escuchaba también, mientras escribía la carta, a vientos turbados e introvertidos. Su breve carta recuerda su vida torturada por sonidos peregrinos y submarinos, vida que vivió en un tiempo maniatado, vida que sobrellevó como una película de cenizos colores, vida frágil que quiso olvidar en un olvido pausado. Siempre sola, no supo o no quiso vivir. Conoció la soledad, esa soledad que sólo conocen los seres atormentados que no pertenecen a este mundo, aquellos seres que, solo ellos, escuchan voces alucinadas y palabras lejanas. Palabras conmovedoras, angustiantes y de difícil comprensión llenan la hoja de su carta, palabras que expresan desde lo inasible de su mente brillante, la superfluidad de la existencia humana. Su compleja vida, con ondulantes emociones, plasmada en creaciones fatídicas y dualidades recurrentes, se concretó en olas inquietantes y en un placer estético inigualable.

[quote]La originalidad virginal de su prosa poética la llevó a experimentar una temática cercana a palabras somnolientas y prisioneras de su vida interior.[/quote] Su propia vida fue un introito abstruso a su propia muerte. Virginia Woolf. Bipolar. Depresiva. Su creación fue compleja y dificultosa por su afectividad tan lábil. Quiso transmitir las imágenes más recónditas e ínclitas de su extraordinaria y flagelada inteligencia. A lo mejor es posible definir o calificar su creatividad como una mezcla perfecta entre racionalidad e irracionalidad donde el deleite por la estética es parte de sus insólitos viajes tristes y jubilosos.
Virginia progresista, Virginia feminista y reprimida, Virginia portadora de palabras e ideas no explicables. Virginia vivió en una época equivocada, en un tiempo conventual siempre cubierta por albas túnicas. Virginia sabía secretos invernales e infinitos que sólo ella comprendía. La originalidad virginal de su prosa poética la llevó a experimentar una temática cercana a palabras somnolientas y prisioneras de su vida interior. La implacable muerte la acechaba junto a lechuzas del mediodía para ahogarla con prodigiosa exactitud. Virginia, voz eterna de las esfinges que desean dormir. No tuvo paz. La última carta de Virginia fue su fantasía más esperada. Virginia se fue escribiendo hacia la noche invisible y soñada.