GONZALO VALLEJO LEGARRETA

Evidentemente el gobierno actual ha caído en innegables contradicciones. En este contexto recuerdo a un ex Ministro de la dictadura que se bajó de una candidatura presidencial con extrañas antinomias apodícticas. El actual Ejecutivo propicia austeridad y hay signos clarísimos de gastos absolutamente innecesarios que sin duda alguna deben ser investigados por la Contraloría General de la República. Viajes millonarios entre medio. Propicia meritocracia y cae en un simple nepotismo. En sus acepciones más triviales nepotismo significa acción de otorgar privilegio, predilección, favoritismo o amiguismo para favorecer a familiares directos o cercanos a cualquiera autoridad que ejerza un cargo relevante. En este tiempo donde todos los medios de comunicación, si la línea editorial así se los permite, deberán transmitir a la ciudadanía lo que verdaderamente significa que un gobierno, cualquiera sea su tendencia política, transparente todos los nombramientos para que no haya ninguna duda que quienes han sido nombrados cumplan con los requisitos acorde a las altas exigencias administrativas de un trabajo gubernamental. No es posible que haya este tipo de prácticas, ya sistémicas, menos en un país que quiere llegar a ser desarrollado, existiendo tanta gente pobre que ni siquiera tiene dinero para satisfacer sus necesidades mínimas. Terminar con la pauperización sería un acto de plenitud humanitaria. Un gobierno de derecha tiene que entender que lo social y público debe primar siempre por sobre los intereses particulares. Cada día los noticieros de TV entregan casos realmente dramáticos demostrando que continúa la enorme diferencia de salarios entre aquellos, los menos, que ganan un sueldo millonario y otros, los más, que apenas ganan sueldos mínimamente aceptables o definitivamente miserables. Aquellos que trabajan en la Administración Pública deberán tener como norma un principio de probidad bien estructurado para evitar todo tipo de suspicacias. Para el efecto, la actual oposición deberá trabajar con consecuencia y perseverancia para revertir este tipo de situaciones que muchas veces está en los límites de una soterrada corrupción. La izquierda progresista, la izquierda moderna y a la vez idealista, deberá consolidarse como un tenaz y pragmático conglomerado para continuar en unidad las reformas iniciadas en el gobierno anterior. La oposición deberá robustecer su condición de difusora del programa elaborado por el último gobierno de izquierda, tarea que se comprometió a realizar para beneficio de los más pobres de nuestro país, perfeccionando y concretando el gran trabajo transformador que se llevó a cabo con altura de miras y elevados propósitos.