Por GONZALO VALLEJO LEGARRETA

El despertar del movimiento feminista pasó de ser una buena noticia a un motivo de seria preocupación nacional. Muchas mujeres vienen luchando desde hace muchísimos años por conseguir su plena igualdad y sus derechos sociales ante una sociedad conservadora y patriarcal que históricamente las ha discriminado, principalmente por acción del capitalismo. El trabajo que toda mujer realiza, ya sea a nivel doméstico o profesional, debe ser reconocido. Esta inclaudicable lucha por la reivindicación femenina construida con base en experiencias personales, se gestó más que todo en los dos gobiernos de Michelle Bachelet, reconocida, además, por organismos internacionales como una gran arquitecta del feminismo. Ahora es el tiempo, tiempo de pensativas ruiseñoras, para nombrar algunas de las pioneras del feminismo chileno y latinoamericano. La gran Teresa Wilms Montt, creadora y soñadora. Teresa, bella Teresa de amores implacables. Eloísa Díaz, la primera mujer titulada como Médica-Cirujana de Chile. La iquiqueña Elena Caffarena, abogada y quizás la feminista más importante que ha tenido el país, quien no claudicó en su lucha por los más pobres, siendo una consecuente defensora de los derechos humanos durante la dictadura. La extraordinaria Gabriela Mistral, poeta de palabras perfumadas y cotidianas. Recordamos, también, a María Ramírez y Eulogia Román, ambas humildes trabajadoras y destacadas militantes comunistas. Asimismo, gran luchadora por los condenados de la tierra fue la salvadoreña Prudencia Ayala, aborigen y de clara inteligencia social. La especial, talentosa y no comprendida Frida Kahlo quien con sus flores voló sobre caminos enfermos hacia nubes vegetales. Y tantas, tantas más. Todas extraordinarias mujeres e incansables ruiseñoras que con su ejemplo consolidaron la lucha feminista con terrenales abecedarios.
Los movimientos feministas deben ser el inicio de un nuevo modelo de país incoado a través de una Asamblea Constituyente para rubricar una reforma estructural inevitable y lógica, promulgando una Nueva Constitución donde los derechos fundamentales de las mujeres sean total y definitivamente reconocidos. Hay que cambiar y fortalecer la agenda de género. Sólo así se erradicará este concepto de machismo cultural ya desfasado por el tiempo. Hay que entender el trasfondo de esta lucha, pues han sido demasiados los años donde el género femenino ha estado subyugado al poder masculino. La mujer es el pilar racional, solidario y sintiente en esta sociedad tan masculinizada. Nuestro trabajo como compañeros de ruta en la vida es entregarles todo el apoyo transversal para su legítima reivindicación.