por Gonzalo Vallejo Legarreta

El negocio del litio es un gran negocio. ¿ El empresariado de derecha dejaría escapar un gran negocio ? Difícil, casi imposible. Debido a la inmensa corrupción que acarrea desde la dictadura este recurso natural de venturoso porvenir económico para Chile, acrecentada y privilegiada por el actual gobierno de corte neoliberal, que ha demostrado su gran inoperatividad gubernamental y escasa empatía con los sectores más desprotegidos de la población que sufre la mitomanía derechista de ofrecer sólo demagogia populista y que ha desencadenado en una seria crisis institucional. Los poderosos grupos económicos que controlan y asfixian la economía nacional impiden un adecuado y equilibrado funcionamiento realmente democrático. No hay duda alguna que siempre hubo un plan diseñado por este gran empresariado para apoderarse del litio que por sí mismo debería ser patrimonio de todos los chilenos. Necesariamente para llevar a cabo esta ilícita maquinación todos los participantes involucrados han caído en actos de corrupción que deberán seguir siendo investigados y sancionados en las instancias correspondientes. Todo este entramado respecto a SQM, la gran empresa corruptora de Chile, la empresa que invirtió en política y en políticos corruptos, sólo para satisfacer su afán de lucro, es algo definitivamente putrefacto. No se puede aceptar que los hilos de la dictadura todavía manejen a unas cuantas marionetas ensuciadas por un dinero vilmente usurpado. La idea, una gran idea, es concretar la nacionalización del litio y crear una empresa del estado para su legítima explotación. Para cumplir este objetivo hay que llamar a un plebiscito informado y transparente. A este efecto, sería muy necesario comenzar ya una seria discusión ciudadana en la cual los medios de comunicación deberán cumplir su deber ético de informar con absoluta objetividad y no enturbiar todo el proceso plebiscitario con opiniones sesgadas y desvirtuadas. Asimismo, los parlamentarios progresistas, serios y consecuentes, libres de actos corruptos, cumplirán un rol fundamental en este justo proceso popular, trabajando y difundiendo con fervor y conocimiento los contenidos de esta idea. No olvidemos la trascendencia que tuvo para el país la nacionalización del cobre durante el gobierno de la Unidad Popular encabezado por la figura preclara y visionaria del Presidente Salvador Allende. La recuperación ética de la política, como acto inevitable, tiene que culminar definitivamente bien. Jamás hay que mezclar el dinero con la política, pues se pierde la esencia de un progresismo nítido y que afecta al bien común. Toda buena política se hace con verdad y con justicia para que su accionar sea trascendente, respetuoso y solidario.