por Gonzalo Moya Cuadra

Julio mes de grandes nacimientos. Tiempo veterano y lejano. Pablo Neruda. Grande vate cuya patria son las estrellas. Neruda llegó del sur en el país del nocturno amanecer con sinsontes alucinantes. Neruda amó el amor como la cicindela amó al bulbul azul. Neruda poetizó el amor sexuado y asexuado, el amor órfico e ignoto. Neruda amó a Maruca con amor primigenio propio del genio que inventa con su ingenio verbos pretéritos de ideales amarantos. Neruda amó sin cesar a diestra y siniestra a amantes persas y dispersas como sólo aman los grandes poetas amorosos. Neruda amó a su pródiga amiga Hormiga, su amante en campos de espigas, su amor canicular de palabra canóniga. Neruda amó a Matilde. Su amor crepuscular y cancerígeno. Neruda la amó poetizando frases de atardeceres soñando su amor con tilde. Neruda buscó también el amor solidario. Amó con su imaginado verbo y su actuar consecuente e indómito la sencillez del pueblo humilde, despedazado, estrangulado y perseguido, el pueblo sufrido y explotado por espadas cavernícolas que sepultaron palabras teñidas de sangre sencilla. Neruda, clandestino como el vino sin destino y esparcido en el camino. Neruda, militante comunista, racionalista e idealista, traicionado y desarraigado. Verbalizó por amor a los pobres las injusticias del sistema capitalista. Caminó por París, desolado, recitando a los siglos estrofas impregnadas de sueños amorosos y cultivados. Poetizó en España con García Lorca amores de signos silenciados y de frutos mancillados. Los exiliados de Neruda viajaron en el Winnipeg descifrando canciones de soledades tortuosas y confusas. Neruda amó amores insaciables y cardinales. Neruda con su perfecto amor y su extraordinaria capacidad amatoria interpretó el amor como un acto épico, plasmándolo en versos de arrullos infinitos y ruidos apresurados. Neruda expresó el amor a pesar del dolor de la dictadura. Escribió su dolor con palabras de amor, palabras ígneas y férvidas, palabras flébiles en hojas implumes. Neruda amó el amor cósmico, amó el amor apasionado, amó el amor prostibulario y fatídico de putas fatigadas y gastadas. Neruda siempre amó, pero jamás amó a un mismo amor. Pablo Neruda amó a los animales con felicidad y alegría, como un amor apacible y sorprendente. Amó las indómitas piedras de Machu Picchu de Perú, tierra del sol y del inca, piedras indescifrables construidas en plateados altares. Amó la humanidad justa, valiosa y realista como transparente comunista futurista. Últimos días de Neruda. Atribulado y agrietado. Temido y maniatado. Cuando su tiempo finalizó Neruda se fue con dignidad y en libertad. Vivió el amor a su manera.