Por el Profe HAROLDO QUINTEROS

Salvo uno que otro jugador de le élite mundial, como aquel croata que hizo comprometidos spots publicitarios en favor de los separatistas ucranianos contra Rusia, por lo menos en general, los peloteros del mundo no se meten en política. Quizás es porque no entienden nada de ella, o poco, o temen perder admiradores en el bando contrario al que elijan. La verdad es que, aunque a veces a los mejores se los usa en política por su prestigio como jugadores, más les interesa asegurar sus finanzas personales, a veces de cientos de millones en moneda dura, y todo por darle bien a una pelotita. Entonces, el lector preguntará qué sentido tiene entonces mezclar los espectáculos futbolísticos con la política. La respuesta es simple. Primero, de un modo u otro, todo tiene que ver con la política, y en este Mundial 2018, han sucedido cosas que lo prueban. Antes del partido final entre Francia y Croacia, hubo saludos nazis desde las tribunas de los fans croatas, y hasta, muy curiosamente, una swástica fue dibujada en la cancha antes del partido final, y se dice que habría sido obra de algunos de los jugadores del equipo finalista croata. Como esta swástica y todo tiene su raíz en la historia, es conveniente repasarla, sobre todo para quienes estaban con el equipo croata sólo porque supuestamente es un país pequeño, inofensivo, nuevo, y con una presidenta muy agraciada. Lo cierto es que Croacia tiene una historia harto oscura en materia de ética política. Veamos:
Cuando Hitler inició sus guerras de conquista en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), impuso gobiernos títeres en cada uno de los estados que constituían la vieja Yugoeslavia, Croacia, Serbia, Montenegro y Bosnia-Herzegovina. En todos ellos surgió espontáneamente y de inmediato un masivo sentimiento popular, nacionalista y patriótico que desembocó en la resistencia armada nacional contra las fuerzas de ocupación alemanas. Croacia, excepcionalmente, se distinguió por su apoyo a los nazis, con un gobierno colaboracionista que hizo suyos sus planes, incluidos la guerra frontal contra los demás estados yugoeslavos y la colaboración directa a los nazis en el exterminio de judíos y gitanos. Josif Broz Tito, un militar socialista, fue el líder nacional de los yugoeslavos en esa resistencia. Aunque él mismo era croata, no sólo tuvo que vérselas contra los alemanes sino contra fuerzas de su propio gobierno.

Al finalizar la guerra, y Tito triunfante, consiguió reunificar Yugoeslavia y mantenerla unida hasta después de su muerte. Le sucedió Sbobodan Milosevic, un serbio, que como Tito también era socialista y tan anti-comunista soviético como anti- capitalista. Desde entonces, el rol de Croacia fue terminar con Yugoeslavia. Fue iniciativa de los croatas abrir la guerra de secesión de hace ya casi tres décadas, aprovechando la decisión de una minúscula parte de Serbia, Kosovo, que declaró la independencia. Aunque Serbia rechazó tajantemente el intento de separación de Kosovo, al final de cuentas la guerra terminó entre Croacia y Serbia, la que hasta hoy se declara socialista.

Para ganar esta guerra, que era civil, Croacia tuvo el apoyo de la OTAN y, con ello, el respaldo del imperio estadounidense, su creador y administrador clave. Esto ocurría mientras nadie apoyaba a Serbia. Por cierto, a Croacia le vino como anillo al dedo la política represiva de Milosevic, que llegó a graves extremos sobre la población de varios estados yugoeslavos. En fin, Serbia no podía ganar esa guerra. La perdió, Milosevic fue capturado, y mientras estaba encarcelado y juzgado en La Haya por crímenes de lesa humanidad, murió de un infarto al corazón o bien asesinado en su celda. Hoy, Yugoeslavia no existe, Croacia es un país que forma parte de la OTAN, mientras su vecino, socialista Serbia, muy debilitado por la guerra, se ha mantenido neutral. Que la OTAN, durante tres meses y con uso de unos mil aviones, bombardeara ferozmente ciudades enteras de Serbia puede entenderse, pero que eso haya sido con la colaboración de Croacia, claro que no.
Volviendo al tema pelotero, obviamente si Yugoeslavia renaciera en unos años más, con equipos como el de Croacia y Serbia unidos, sería ella sin duda alguna el próximo campeón mundial de fútbol.