Esta vez no hubo sorpresas, cambios de última hora o rectificación en el voto. Las presiones de un lado y otro ya habían cumplido su misión. Los pronósticos se cumplieron y el Senado argentino rechazó el proyecto que pretendía ampliar los supuestos de despenalización del aborto y hacerlo libre y gratuito (ahora se permite en caso de violación o riesgo para la madre). Con 38 votos en contra frente a 31 el asunto, que volcó a miles de mujeres a las calles, quedó zanjado y únicamente podrá volver a tratarse dentro de un año.

La sesión, como sucedió en junio en el Congreso, donde la iniciativa recibió media sanción, se convirtió en un maratón de intervenciones hasta las cinco de la madrugada (Cuatro de la mañana en Chile). En torno a esa hora se produjo una votación que echó por tierra las expectativas de la franja verde, el sector que representaba a las mujeres y hombres que se habían concentrado a favor del proyecto.

En la plaza de los dos Congresos, en esta ocasión, fueron las mujeres que eligieron el celeste y la bandera argentina para arroparse, las que festejaron como si su país hubiera ganado otro Mundial. En esta ocasión, con la Iglesia desplegada con el mismo objetivo, se organizaron mejor, fueron más, «coparon la parada» con autobuses y se instalaron con suficientes fuegos artificiales que hicieron estallar en la madrugada porteña al oír el resultado definitivo.

 

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