por Gonzalo Vallejo Legarreta

 

Un libro extraordinario de Mario Benedetti, quizás el escritor que mejor ha descrito el maravilloso misterio de aquello que cotidianamente se llama amor. El amor puro, prístino y otoñal de una tregua petrificada en labios ingrávidos. Antes de ayer viernes se cumplió otro año más del nacimiento de este uruguayo bardo de alma eremítica, quien contempló al amor con estrofas terracotas y presurosas. La idea del amor íntegro se da en Benedetti con frases nupciales y providenciales.
El poeta políticamente también fue muy consecuente, pues mantuvo sus ideales como viajes espaciales. El amor fue el componente más simbólico y esencial en la poesía de Benedetti. La política fue su amante incesante. Su compromiso militante con la Revolución Cubana quedó plasmado en acciones literarias y en travesías prodigiosas, que culminaron en libros implacables que vencieron a la noche herida por cansados pensamientos. Sufrió el exilio, ese exilio que sólo conocen los héroes contemplativos que luchan denodadamente por causas justas y solidarias.
Su esposa y compañera fue el único y absoluto amor en la vida de Benedetti. Podemos leer con deleite y melancolía su frase ”No pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza”, oración que realmente nos conduce a superficies puras y delgadas de mil mariposas encantadas, frase que retrata al demiurgo como paradigma del amor verdadero que todo ser humano, no solo el bardo, debería practicar con excelso sentimiento y rigurosidad, adosado a un elemento definitivamente erótico-virtuoso, para así consolidar una relación amorosa provista de expresiones sentidas e inconmensurables. Acaso el oriental poeta fue o es uno de los escasos vates que tuvo un único y gran amor. Algo completamente extraño en estos seres especiales o espaciales, quienes viven caminando por estrellas veniales, sólo esperando el dolor sollozante para escribir o describir a su último amor, aquel amor que creó en tálamos transparentes y ondulantes, plasmado perfectamente en su otro gran pensamiento que describe como ”Disfrutaré de vez en cuando de tu recuerdo, que seguirá alterándome”. Mario Benedetti, como todos los grandes poetas, padeció la soledad y el sufrimiento, aquella soledad que conlleva estrofas otoñales y sin explicaciones, aquel sentimiento refinado e incorrupto que sólo comprenden aquellos que aman el amor natural y perfecto.
Para el poeta y para tantos que aman el amor invisible y abismal, la vida es solamente una tregua, ”La Tregua” de Benedetti, una espera para volar con poemas estáticos hacia estrellas remotísimas e infinitas.