Cuentan que un día apareció por el Bar Democrático, así como nada. Trataron de corretearlo, cerraron bien las puertas y ventanas para que no se “aguachara” en el local, pero no hubo caso y el gato con pinta de proleta y marca de “guerra” se quedó.

“El Demo”, finalmente se quedó como parte de los parroquianos del Bar Democrático y se ganó el cariño de las parroquianas. Una cosa hay que dejar en claro, El Demo no bebe alcohol, solo comida y agüita pura de la llave.

De preferencia se alimenta de “cachitos” de empanadas y sanguchito del “rompeculos” que expende nuestro amigo Víctor Ortega. Hoy “El Demo” se pasea como Pedro por su casa.