Prof. Dr. Haroldo Quinteros.

Siempre estuvo claro que Bolivia no podía ganar en La Haya, como muchos lo dijimos mil veces. Aparte de no aceptar los pactos suscritos en el siglo pasado, sobre todo los de 1904 y 1920, Bolivia, por boca de Morales, cometió varios errores que dañaron no sólo el fondo de su demanda, sino su imagen como país demandante, entre ellos el repetir una y otra vez aquello de la “guerra de conquista” ocurrida hace siglo y medio, la agresiva frasecita que “Antofagasta es boliviana,” o, peor aun, el impetrar ante la Corte de Justicia Internacional de La Haya (CIJ), el “compromiso” de Charaña, un acuerdo espurio firmado entre dos dictadores sanguinarios que nadie respeta en el mundo entero, Banzer y Pinochet.

En cuanto a nosotros los chilenos, no podemos quedarnos aquí como si el fallo de La Haya realmente se tratase de un triunfo sobre un enemigo. Bolivia es un país hermano y vecino. Cómo olvidar que el gobierno del Libertador Bernardo O’Higgins fue clave en su fundación, y que nuestro origen histórico y bases culturales son las mismas. Debemos dialogar con los bolivianos sobre su anhelo de tener una salida al Pacífico, no sólo por obvias razones de fraternidad latinoamericana, sino porque nuestra complementaridad económica es totalmente necesaria para nosotros. Es increíble que compremos petróleo y gas a Arabia Saudita u otros países lejanos, cuando Bolivia tiene estas dos fuentes de energía que Chile tanto necesita. En el norte de Chile, nuestras aguas potables siguen envenenándose por la explotación minera y Bolivia es el receptáculo natural del Amazonas, la fuente acuífera fluvial mayor del mundo, condición del país altiplánico que puede nutrirnos del vital elemento para siempre.

Como era de esperar, antes y después del fallo de no podían faltar las voces de xenófobos, racistas y patrioteros que, en serio o en chiste, hacen escarnio contra el pueblo boliviano por el fallo de la CIJ sobre esta vieja y cansadora controversia con Bolivia. Si tanto se celebra el fallo de la CIJ, no puede olvidarse que éste no se circunscribió sólo al tema de la salida al mar que pide Bolivia, sino dio especial importancia a la restitución de las relaciones diplomáticas entre nuestras naciones, a la necesidad de actuar civilizadamente de buena fe en la busca de un consenso y, sobre todo, sobre continuar el diálogo bilateral entre nuestras naciones.