por Gonzalo Vallejo Legarreta

Ahora que Bergoglio, por resolución canónica, redujo al estado laical a los ex obispos Cox y Órdenes por abusos de menores, la canonización de Romero hoy domingo en la Ciudad del Vaticano, podría transformarse en un proceso de re – moralización o en un paliativo ante la caótica situación clerical por la que atraviesa el catolicismo. Oscar Arnulfo Romero, ex – obispo de El Salvador, fue un sólido defensor de los Derechos Humanos cuando ese país centroamericano estaba gobernado por una intransigente tiranía de extrema derecha.

Romero como religioso fue conservador en su accionar teológico, pero luchó con consecuencia por la defensa de quienes fueron perseguidos por aquel nefando régimen. En el contexto histórico de la época, Romero siguió algunos lineamientos de la Teología de la Liberación practicando la solidaridad y fraternidad, como correspondería a una iglesia que quiere o quiso trascender, inculcando la grandeza de la pobreza como una de las grandes virtudes de la condición humana.
Romero fue asesinado cobardemente por un sicario contratado por el ejército, mientras realizaba la liturgia, hecho que conmocionó a la comunidad nacional e internacional, pues fue un obispo que jamás se doblegó antes los embates ni las amenazas que vilmente recibía de la seguridad del estado, sólo por predicar ideas que llamaban a la liberación y a la legítima rebelión del pueblo salvadoreño. Murió por su fe y eso es algo que hay que reconocer con la tolerancia del laico respetuoso ante cualquiera creencia bien intencionada. El martirologio de Romero puede ser una fuente de inspiración para muchos creyentes que en este tiempo de caos moral y ético se encuentran confundidos por la incertidumbre trascendental de su religión.

La Teología de la Liberación es una corriente progresista al interior de la iglesia católica que pretende entregar un mensaje de promesa salvadora al pueblo oprimido, que conlleve a una nueva conciencia valorativa de lo que verdaderamente significa ser un buen católico. Esta neo iglesia, por esencia inspiradora, debería estar alejada de riquezas y boatos inmisericordes, pues el concepto teológico que la tipifica está referido a todos los pobres de América Latina y del Continente Africano y también a todos los pueblos del orbe carentes de justicia y equidad.

Romero podría ser un ejemplo vivificador para el clero y la feligresía católica. Este nuevo mártir se comprometió entrañablemente con los sufrimientos y las esperanzas de los explotados, por inmensas fuerzas políticas y económicas, que han sido condenados a existir de manera ignominiosa e indigna.