por Gonzalo Vallejo Legarreta

Lágrimas invisibles. Lágrimas solitarias. Lágrimas mudas. Lágrimas de estalactitas. Lágrimas torturadas. Lágrimas combatientes. Lágrimas militantes. Lágrimas silenciosas. Lágrimas cautas. Lágrimas temblantes. Lágrimas recónditas. Lágrimas humilladas. Lágrimas indescifrables. Lágrimas resecas. Lágrimas suprimidas. Lágrimas sin frutos. Lágrimas despedazadas. Lágrimas de arena. Lágrimas sin mares. Lágrimas espaciales. Lágrimas enfermas. Lágrimas verbales. Lágrimas guardadas.

Las lágrimas de la Anita fueron invisibles como osarios calcinados. Las lágrimas invisibles de la Anita fueron la presencia de ausencias presentidas. Las lágrimas de la Anita fueron la permanencia de ilusiones no nacidas. Las lágrimas de la Anita fueron flageladas por la muerte de sus amores no olvidados.

Triste partió la Anita de su vida implacable, esperando su muerte en pasillos impensables. Triste partió la Anita hacia mundos peregrinos, flotando por aires sin destino, acompañada de aves volantes y rutilantes. Triste partió la Anita como pétalo plateado. Triste partió la Anita como pez enceguecido por lágrimas cansadas.

La Anita González partió con sonrisa pura, como soledad campesina, buscando justicia y verdad. ¡ Qué penoso resulta pensar que la Anita haya partido sin encontrar a sus seres queridos ! ¡ Qué penoso resulta pensar en el sufrimiento padecido por detenidos y desaparecidos ! ¡ Qué penoso resulta pensar en la amargura de su vida, removida y torturada, por la difunta tiranía ! La Anita partió entera, presurosa y digna, escuchando palabras lejanas, que la esperan con sonrisas plenas. La partida de la Anita debe ser la esperada señal para seguir buscando con consecuencia la vida de todos aquellos que ahora habitan sin semblante en fosas clandestinas, esperando la presencia de tres rosas matutinas. La partida de la Anita debe ser la señal que muestre las incongruencias e inconsistencias de todos aquellos prosternados ante la estulticia de una vida consumista. ¡ La Anita viajó sabiendo que iría a cuidar un puñado de estrellas en un futuro sin tiempo, con su pasado jamás olvidado !

Ahora, al fin, la Anita está llorando con lágrimas alegres, lágrimas ingrávidas que orbitan pensamientos sentientes. La Anita González fue una incansable luchadora, una real luchadora que comprendió el dolor de la injusticia rasgada por tinieblas inconstantes e inesperadas. Sus lágrimas invisibles ahora nadan en mares mayores ¡ Qué penoso resulta pensar que la partida de la Anita fue enmudecida por palabras maniatadas !