Cuando una pareja está formada por dos actores porno se presupone una cierta apertura sexual. De mentalidad abierta, asumen su amor como incondicional pero dejan espacio a terceras personas, ya sea dentro o fuera de los platós y las cámaras. Pero, ¿es posible triunfar en el mundo del cine para adultos y seguir siendo monógamos?

Este es el caso de dos personas con mucho éxito dentro del mundo del cine para adultos: Joanna Angel y su esposo Aaron, quien entró en la industria nada más conocer a su futura novia. Es habitual que los profesionales que se dedican a ello afirmen que el sexo pornográfico no es real, sino interpretado.

Esto implica que porque dos o más personas mantengan relaciones, la intención no es igual a la de la vida real, al no haber intimidad y estar a la vista de todos. En otras palabras, no es lo mismo hacerlo delante de las cámaras que en la soledad compartida del amor.

Angel y Aaron se conocieron hace seis años, antes de que él entrara en la industria. Ella se prometió a sí misma que nunca saldría con otro actor porno después de una conflictiva separación. Sin embargo, salir con lo que ella denomina como «civil», también tiene sus riesgos. «Aaron y yo nos acostamos durante un mes y no hicimos ninguna escena. Al final eso cambió», declara Angel en ‘The New York Post’. «Al principio estuvo de acuerdo. Él era, de hecho, un fan del porno. Pero había días que pensaba que se estaba volviendo loco. Fue muy honesto conmigo cuando se sintió inseguro al rodar porno. No se desenvolvía delante de las cámaras tan bien como otros, y su ego quedó dañado».

Después de conocerse, entablaron una relación y acordaron no acostarse con otros. Se casaron y ella se lo pidió en base a su mala experiencia en una relación anterior. «Antes de estar con Aaron, salí con otro chico que no se dedicaba al porno, pero me sentía mal al acostarme con otros en el trabajo, por lo que le animé a salir a divertirse con otras chicas», explica la actriz. «Pensé que era lo justo. Pero no podía llevarlo bien, yo no quería una relación abierta, pero al pensar en mi trabajo creí que era lo que tocaba». Ella explica que «enloqueció» cuando una chica que quedaba al margen de los focos con su novio comenzó a publicar cosas de los dos en las redes sociales. Ahí es cuando se dio cuenta que había una clara diferencia entre la intimidad emocional que compartía con ella y el trabajo que ambos desempeñaban.