Heidi Llanes

Un día como hoy, empezaba el principio del fin, al menos de manera física, para uno de los más grandes músicos del siglo pasado y que aún en este hace gala de su gran voz. El 23 de noviembre de 1991, Freddie Mercury ofrecía una conferencia de prensa para dar por sentados los rumores en torno a su salud, sólo un día después falleció.

La voz líder de Queen dejaba este mundo, la banda seguía y lo más impresionante de todo es que él ha estado presente y aunque todos sus integrantes tienen un inigualable talento, la historia de este meritorio artista se tejió para darle estructura vitalicia al trabajo de ellos, parece que al hablar de Queen, se remite inmediatamente a Freddie Mercury.

La partida de Freddie con tan sólo 45 años, dejó un vacío presencial, pero su creatividad rebasó todo obstáculo que pudiese aparecer, hoy, tras 27 años, el trabajo de Queen sigue intacto y desplazando, aunque sea por estos días, los ritmos más recientes.

La película “Bohemian Rhapsody” ha sido un acierto taquillero, muestra ese Freddie místico, enamorado de cada nota creada por él o por cualquier integrante de la banda, de su familia, de Mary Austin, su gran amor; y después, con la serenidad de un genio, se despide de este mundo sin rencores, sin prisa, pero dejando en alto el nombre de Queen en magistrales presentaciones.

Precisamente esta cinta lo puso en el tintero, se lo enseñó de manera certera a esta nueva generación, que se nutre de sonidos fusionados y en ocasiones copiados, allí se puede ver la grandiosidad de él y su “familia”, como llamó a la banda, que se armaba de “locuras” increíbles para llegar con altura a un rock de antología.

La película interpretada por Rami Malek, pone de manifiesto a un buen actor, que sin tener parecido físico lo interpreta de tal manera que nos hace ver a Freddie, se desliza en un escenario con elegancia felina, caracteriza sus gestos, lo mismo que defectos y virtudes, pero así era Freddie, y eso es lo más valioso de su trabajo.

Merece la pena ver en detalle la caracterización del concierto “Live Aid 1985”, realizado el 13 de julio de ese año en el Estadio de Wembley en Londres, un tren al pasado de la música, donde la banda se lució y Freddie, sencillamente brilló en el firmamento de los grandes.

El 23 de noviembre quedó en la recordación, el día siguiente es una fecha inolvidable; hasta en eso Freddie fue creativo, no dio margen a la espera, llanamente habló y se fue sabiéndose diferente, aunque para sus seguidores la diferencia se puede traducir en excelencia.

El puño en alto, el torso desnudo, son los sellos de identidad de Mercury, el frenético cantante de rock, el excelso interprete de ópera, una combinación de matices que dieron para estudios científicos de su voz, resultados que más tarde indicaron que su registro vocal era incomparable, su superioridad estuvo ahí, en talento y voz.

Farrokh Bulsara, el chico de Zanzibar se inmortalizó a través de Freddie Mercury, un artista que ha conquistado tres generaciones y va por más, eso queda demostrado en la permanencia de sus notas, elevadas a la categoría de clásicos y que siempre serán el marco perfecto para lograr un éxtasis musical.

 

Heidi Llanes/El Universal