Nelson C. Mondaca Ijalba*

La presente columna bien podría ser la parte II de las ideas escritas el jueves pasado, lo que me parece son los acontecimientos climáticos más importantes de la naturaleza en nuestro país. Se comenta que los incendios devastadores en las regiones del Biobío, la Araucanía y Los Ríos, algunos de ellos, serían atribuibles a personas que podrían pertenecer a un grupo terrorista, por consiguiente, intencionales.

Otros de estos numerosos siniestros, corresponden a las altas temperaturas que reinan en el sur de Chile. Desde, que empezó el verano hasta nuestros días, el fuego hace estragos en grandes y miles de hectáreas forestadas, hasta el día hoy van en el orden de 43.000. Cifra que al compararse con el año 2017, hasta el momento los números resultan favorablemente mucho menores.

Estas situaciones meteorológicas no son casuales, son parte de la evolución del calentamiento global y quienes vivimos en este mundo llevamos una antorcha encendida que se clava en pleno seno de nuestra madre naturaleza. Es decir, hay responsabilidad humana en cada continente y al final resulta determinante en las catástrofes del presente.
Los medios de la farándula hacen lo suyo. La prensa en forma seria aguarda expectante el desarrollo del combate de las autoridades de Gobierno, de la Conaf y Bomberos en sus operaciones para detener el avance de los incendios, poniendo a salvo a las poblaciones, evitando pérdidas de vidas, protegiendo las áreas verdes y bosques de las importantes regiones del sur chileno.

Los funcionarios y quienes trabajan en estas zonas donde se focalizan las grandes llamas de fuego, arriesgan sus vidas, a veces desafiando el destino de una muerte casi inevitable. Son los héroes anónimos al servicio de un país en tiempos de paz. Es la historia muchas veces desconocida de estas personas, quienes día y noche, están en la línea de guerra contra el mayor fuego endemoniado de la fuerza de vientos superiores a 40 km., por hora.

También han surgido críticas periodísticas hacia las autoridades por cierta tardanza y lentitud en tomar las medidas de emergencias más apropiadas a las provincias alejadas de las capitales de regiones. Los pueblos y aldeas en estos lugares siniestrados viven sus peores momentos, carecen de los principales alimentos, no tienen suministros de agua, están sin luz y vías de comunicación terrestre; indudablemente hay molestias razonables. Sin embargo, se aplauden las medidas aplicadas como zonas de catástrofes por el presidente S. Piñera. Lo mismo nos hubiera gustado en el Norte Grande.

Dejemos el sur y vamos por nuestras regiones del Norte. Por mi parte, creo que hay ciertos eventos de la naturaleza que se pueden enfrentar de mejor manera. A veces gastamos tiempo en discusiones, donde, no se saca nada en limpio. Tres factores que a mi juicio se deberían tener presente en las políticas públicas sobre los fenómenos que nos han afectado últimamente:
1° Prevenir los mayores riesgos de las lluvias del invierno altiplánico. No hay que esperar el desborde de los ríos y que los torrentes de éstos aíslen a los pueblos precordilleranos.
2° Llegó el momento de tener un plan estratégico de la región que permita un mejoramiento sostenido en estas áreas de emergencias. 3° Disponer de recursos económicos en el plano de proyectos de infraestructura vial. Dotarnos de una real coordinación sistemática con las autoridades de las regiones vecinas. Hacia el norte con Arica y hacia el sur con Antofagasta.

En estas reflexiones entre los múltiples árboles del sur y el tamarugo de nuestro desierto, no puede ser que todas las vías con Alto Hospicio queden interrumpidas por el efecto de desprendimientos de tierras y socavones en la carretera por drenajes de agua y/o movimientos de tierra. Lo que importa es hacer un trabajo eficiente y buen proyecto técnico en estas obras. De lo contrario, estamos como el puente construido sobre el río Cau Cau y pasan los años con el famoso horror de cálculo…

*Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com