Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

Lo primero que es preciso reconocer, es que toda manifestación del Trastorno del Espectro Autista (TEA) corresponde a una condición de salud multifactorial, en función de lo cual, no se puede partir del supuesto de que este trastorno generalizado del desarrollo tenga como causa responsable sólo a una única fuente como origen del trastorno.
Aún cuando las causas del TEA no son conocidas a ciencia cierta, múltiples estudios realizados en todo el mundo, sugieren, que se hace necesario tomar en cuenta algunas de las siguientes variables como posibles causas:

1. Aspectos epigenéticos, es decir, factores vinculados a la expresión –o inhibición– de ciertos genes debido a la presencia de algunos elementos específicos, en cuyo caso, los genes se manifiestan de diferentes maneras, incluyendo el autismo. Algunos de estos elementos –o factores de riesgo– estarían representados por la presencia de sustancias tóxicas, tales como: plomo, metilmercurio, aluminio, bifenilos policlorados, plaguicidas organofosforados (como el Roundup o glifosato), plaguicidas organoclorados, gases de emisión de automóviles, hidrocarburos aromáticos policíclicos, triclosán (usado en champús, pasta de dientes, etc.)

2. Factores ambientales relacionados con la dieta, tales como el desajuste de los ácidos grasos, la presencia de disruptores endocrinos (dioxinas en la leche materna, presencia de hormonas en los alimentos, ingesta de ftalatos procedentes de los plásticos, etc.), el consumo de alimentos transgénicos o modificados.

3. Factores relacionados con la herencia: se ha observado una correlación de tipo genética, en que alrededor de un 50% de los casos de niños estudiados que presentan TEA, uno de los progenitores –habitualmente el padre– está afectado por el mismo trastorno, o en su defecto, existe un historial de autismo en la familia y en parientes cercanos de primer grado.

4. Factores asociados a ciertas vacunas que contienen Timerosal o Mercurio: pese a que existe evidencia científica del efecto negativo que tienen estas dos sustancias en el organismo humano, hay otro sector de la sociedad que insiste en la inocuidad de estos compuestos químicos. El timerosal es un preservante que está compuesto en un 50% de mercurio que tiene una acción antiséptica y antifúngica. (Los sectores que más se resisten a aceptar la peligrosidad de estos elementos son la industria farmacéutica, los políticos y una parte del gremio médico).

Lo cierto, es que todo el mundo sabe que no hay ningún medicamento que no tenga efectos colaterales (o secundarios) negativos, así como también se sabe que no todas las personas responden de igual manera ante la acción de dichos medicamentos. Incluso más: en ocasiones, se producen gravísimos problemas de salud con las dosis prescritas, al punto que altas dosis de ciertos medicamentos, pueden producir el efecto contrario al esperado. Entonces, la pregunta es, ¿por qué razón no cabría la posibilidad, de que algunas vacunas que contienen elementos tóxicos y venenosos para la salud –como el mercurio–, pudiesen causar en ciertos niños el desarrollo de autismo, TDAH, la ataxia o pérdida de tono muscular y otras graves enfermedades? Los datos e información que entregan muchos padres acerca del grave deterioro que experimentan sus hijos después de ser vacunados, son datos duros y dignos de ser tomados en consideración, por cuanto, antes de ser vacunados, estos niños eran total y completamente normales.
Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud también señala a las infecciones perinatales como una de las posibles causas del autismo, que entre otras, son las causantes de enfermedades tales como la rubéola, el SIDA, la infección por estreptococus agalactiae, el herpes, el citomegalovirus, sífilis, etc.
Es preciso señalar, que la mayoría de los médicos no sabe qué es lo que causa el autismo. Tampoco saben cómo prevenirlo y, a menudo, ni siquiera saben cómo tratarlo.
Ahora bien, una de las formas reconocidas de tratamiento tradicional, es enseñar a los afectados –y a su círculo familiar más cercano– a convivir con la condición de autista, lo que se logra trabajando codo a codo con un equipo de personas expertas en el tema (médicos especialistas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, nutricionistas, etc.) junto al niño y a la familia, método que requiere de mucho tiempo, dedicación y, por cierto, disponer de grandes recursos económicos. Su finalidad, es desarrollar habilidades sociales, mejorar la capacidad de comunicación e incrementar las competencias del paciente autista con el fin de integrarlo y reconectarlo de manera productiva –y autónoma– a la sociedad a la cual pertenece.
Asimismo, con la finalidad de mitigar algunos de los síntomas que experimentan las personas con TEA, se suele prescribir estimulantes, antidepresivos y antipsicóticos, como métodos paliativos –medicamentos que, lamentablemente, lo que a menudo producen, es un desequilibrio a nivel neurobioquímico en el organismo–, sin que se ofrezca a las personas ninguna posibilidad de cura final, ya que aquellos médicos que sólo prescriben medicamentos consideran que la “condición de autista es irreversible y para siempre”.
Ahora bien, al contrario de lo que plantean estos médicos “tradicionalistas”, existen algunas otras fórmulas y métodos alternativos que permiten tratar con éxito el autismo, sin que sea necesario el uso de medicamentos. Es el caso del Dr. Bruce Fife, quién, en su libro “Vencer al autismo. Una guía para prevenir y revertir los trastornos del espectro autista”, recomienda a los padres de niños autistas –entre otras medidas complementarias– iniciar con su hijos/as un nuevo estilo de vida, con un enfoque dietético innovador y distinto, un enfoque que ha demostrado –con casos tomados de la vida real– ser bastante efectivo y útil en el objetivo de revertir algunos de los más graves trastornos del desarrollo, permitiéndole a muchos niños volver a la escuela y tener una vida más sana, útil y productiva.
Igual cosa recomienda el Instituto Valenciano de Neurología Pediátrica, cuando asevera que una alimentación en la línea de la Dieta Cetogénica genera en los niños autistas una serie de grandes cambios y mejoras visibles en su comportamiento y en su desempeño social. La Dieta Cetogénica, es una dieta: (a) con un alto porcentaje de grasas saludables (pescado, palta, aceite de oliva, semillas, frutos secos, etc.), (b) baja cantidad de carbohidratos de carbono y (c) un adecuado aporte de proteínas. Este tipo de dieta, ha demostrado tener efectos beneficiosos en las alteraciones del metabolismo oxidativo mitocondrial.
Teniendo muy presente, que las dietas no tienen el mismo efecto en todas las personas por igual, el empleo de la Dieta Cetogénica ha demostrado que mejora notablemente las anomalías conductuales de los niños autistas, tales como: 1. Aumenta el grado y nivel de interacción social. 2. Se incrementa la capacidad de aprendizaje. 3. Se eleva el nivel de atención sostenida. 4. Disminuye el número de conductas repetitivas y estereotipadas. 5. Mejora el control de las crisis epilépticas en los niños que la sufren. 6. Normaliza, incluso, la ataxia, es decir, las dificultades para hablar, mover los ojos y tragar, etc.
Otro experto que se ha sumado a este enfoque, es el Dr. Julio Salazar, psicoterapeuta, nutricionista y laboratorista médico peruano, quien se ha especializado en el tratamiento integral de los trastornos del neurodesarrollo y del espectro autista, y quien ha logrado revertir casos de TEA y TDAH, a través de la liberación –o desintoxicación– en estos niños de una serie de metales pesados en sus organismos, por intermedio de una terapia de quelación, acompañada de una dieta del tipo cetogénica.
Dejando en claro, que el régimen alimenticio que reciben algunos niños/as con TEA puede que no sea el más adecuado para otros, existen numerosos casos documentados en que una dieta a la cual se le han removido ciertos “ofensores” –o productos no recomendables para la salud–, tales como azúcares, gluten, caseína (presente en la leche), colorantes, preservantes, productos altamente procesados hechos a base de trigo, endulzantes artificiales, etc., ha generado efectos extraordinarios: los niños fueron capaces de levantar la mirada y mantener contacto visual, despedirse de los padres, sonreír más, el sueño de los niños se regularizó, comenzaron a comunicarse más a menudo y a entender mejor su entorno social, ampliaron su repertorio de conductas, eliminaron muchos de los movimientos estereotipados y repetitivos, etc.
En definitiva: se demostró que el proceso de desintoxicación por quelación al que fueron sometidos estos niños, así como la suplementación alimentaria recibida, han sido aspectos claves en la eliminación de metales pesados presentes en sus organismos y en el tratamiento de su autismo, con mejoras sustanciales.
Digamos, finalmente, que lo que se busca –desde un punto de vista holístico–, es recuperar el equilibrio de los neurotransmisores, lo que requiere trabajar a nivel neurobioquímico y el vínculo directo que éste tiene con la adecuada alimentación, de manera tal, que los niños y niñas autistas –y sus familias– puedan mejorar su calidad de vida, al mismo tiempo que reforzar y desarrollar las habilidades sociales del sujeto autista, de modo tal, que todo este esfuerzo conjunto facilite su integración y reconexión social.

1 Comentario

  1. Este es un tema demasiado importante como para no prestarle toda la atención que requiere y que se merece, así que desde ya agradezco al Director del Diario Electrónico ELSOLDEIQUIQUE, don José Cancino, su preocupación por darle un espacio a esta publicación en su sitio Web. Un atento y cordial saludo.

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