ANDRES VILANOVA

Si algo tiene Dino Gordillo, es ese olfato para saber cuando manejar las emociones. Y lo hizo, llegó al escenario apelando a la emotividad, para luego lanzar sus chistes blancos y casi al borde de esa línea que sabe no debe cruzar.

Su remate nivel emocionalidad es pedir matrimonio en vivo y en directo ante un monstruo, que es dócil y se traga la lisonja fácil (Salamería o patería).

La idea no es colocar a Dino Gordillo en la cruz para ser vilipendiado por todos, pero el tipo es “vivo” y manejó al público apelando no a los chistes, sino a la lágrima fácil, llanto de matinal.

Dino Gordillo next, que bueno que te despidas del Festival de Viña del Mar.

Imagen gentileza Radio Bío Bío