EL MARTILLO

Finalizando el verano se puede hacer una evaluación de cómo se actuó ante los acontecimientos que dan siempre las épocas estivales en nuestro norte y que traen situaciones climáticas que llaman la atención a quien no es de estas localidades, por lo habitual estas condiciones vienen acompañadas de lluvias y aumento del caudal de los riachuelos nortinos, a esto se le dice el “Invierno Altiplánico”. Pero el tema en cuestión no es este, sino más bien, es comentar lo que la gente de Iquique esta opinando sobre el manejo de la emergencia por parte de las autoridades, ante eventos anunciados con anterioridad, y que estos personajes no dieron el ancho a las contingencias que se produjeron.

Excusas hay muchas, varios dirán que fue un fenómeno único, incluso le echaran la culpa al cambio climático.

Pero lo que se aprecia es poca preparación y que no hay una autocrítica como autoridad a como se actuó.

Lamentablemente lo que se observó fue que las acciones tomadas eran parte de la improvisación, de procedimientos lentos, siempre actuando a lo que venía, es decir en forma reactiva, nada de preparación, poca coordinación, un dato para dar como ejemplo; con decir que las reuniones del Comité de Emergencia se realizaban en Iquique, siendo que la gran parte de la emergencia era en el Tamarugal, ¿no hubiera sido mejor concentrarse en Pozo Almonte? Como centro de operaciones, pues No…! , ya que como ese municipio es de oposición, no hay que darle tribuna, este tipo de cosas demuestran la poca planificación.

La ciudadanía observa y hace su propio análisis y comenta penosamente que quienes tienen el mando no saben actuar, agregándole que la gran mayoría de las autoridades, se repetía el plato.

Pues bien, esto se puede dar debido que las personas que están en los cargos de responsabilidad no son las adecuadas, también se agregan los asesores de estos mandos, andan por ahí también. Bueno es lo que hay no más, lo que sí hay preocupación, porque si sucede otro evento similar o de otro tipo ( que va a venir) en la región y ciudad, como dicen las abuelitas. “Que Dios nos pille confesados”.