La Justicia tarda pero llega y no es justicia divina como lo piden los curitas, pero la terrenal se hizo cargo para comenzar una indagación frente a la denuncia de un hombre, identificado por TVN como Daniel Rojas Alvarez. La acusación va directo a cura Tito Rivera, que lo habría abusadodespués de drogarlo al ingerir un vaso de agua que el religioso le habría ofrecido.

La demanda va directo al arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, como encubridor -cargo del que ya se encuentra imputado por otros casos- que solo escuchó a la víctima, le abrazó, le regaló 30.000 pesos y le habría pedido que «rezara» por el sacerdote que lo violó.

La información surgió de un reportaje de radio Bío Bío, calificado como un de los casos más extremos de abusos al interior de la iglesia católica chilena.

El relato de Rojas es fuerte y crudo. La historia de la violación comienza cuando la víctima acude a la Catedral de Santiasco, donde el cura Tito se ofreció a ayudarlo, llevándolo a un dormitorio ubicado en el segundo piso del recinto. En dicho lugar, bebió un vaso de agua que le ofreció el curirta y se sintió sin fuerzas.

TESTIMONIO

“Fui violado en la catedral de Santiago, con 40 y tantos años. Yo iba a buscar un remedio para mi hija. A esta edad cuesta creer que me pase esto. Saqué fuerzas de flaqueza para hablar de esto, pero lo estoy haciendo, porque quiero verdad y justicia”, expresó a TVN.

“Viene y se saca como una cruz, unos anillos, y los deja arriba de la mesa y se va contra mí y yo no tenía fuerza. Cuesta creerlo. Empezó a abusar de mí, me bajó el cierre, primero comenzó a hacerme tocaciones. Me abrió las piernas, me bajó el cierre, después me tiró esto para acá, me levantaba y le costaba porque no me podía mover ni yo y yo quería defenderme, quería mover este brazo para ponérselo en la frente, para sacarlo y no podía”.

“Empecé a llorar, a desesperarme, una frustración terrible estar en esa situación, totalmente vulnerable, donde esta persona estás viendo que está bajándote el cierre y de repente empieza a besarme el pene. Y yo cada vez iba perdiendo más la movilidad. (…) Yo no tenía nada 13 años, no era un menor. Yo podría haberle pegado, pero mi cuerpo no me reaccionaba, me sentía cochino”.

BILLETE

“De repente se baja los slip, abre el velador, saca una vaselina y se empieza a echar él en su ano y se sienta sobre mí. Terminó acabándome en el ombligo (…) Quédate tranquilo, te pasaré la plata, pero no le cuentes a nadie”.

Tras estos hechos, recurrió al arzobispo Ricardo Ezzati: “Me dice: ‘te voy a echar una ayudita pero prométeme que no le vas a contar a nadie porque por algo nosotros te vamos a empezar a ayudar’. Le dije, ‘ya ok’. Y me mandó una ayuda, un billete de 20 mil pesos y otro de 10 mil pesos”.