La Iglesia Católica no vive buenos momentos, no solo en Chile sino que a nivel mundial con los casos de abusos a menores, pero esto también ha sacado a luz pública a aquellos sacerdotes que en privado tenían una familia e hijos, como es el caso del «cura Soto» del barrio El Morro.

Sobre este tema el diario La Tercera en su edición de este domingo 24 de marzo, publica un reportaje sobre los clérigos que tienen hijos “Mi padre, el sacerdote”, donde revela tres historias de hijos de curas. El primero Cristián Contreras que vive en San Felipe; Alfredo Rivas de Concepcion y Mauricio Ramírez, hijo del cura Soto de la parroquia de la calle Wilson de Iquique.

“Muy pocos han tenido la suerte que yo tuve, que sea tu papá el que bautice, el que oficie tu Primera Comunión, el que te confirme y el que te case. Me siento orgulloso de haber vivido eso”, recuerda Mauricio en el reportaje.

MATRIMONIO

El hijo del “cura Soto” recuerda que se casó en 1980 en la parroquia en una ceremonia oficiada por su padre Domingo Soto. Al lado de la parroquia del Santísimo sacramento había una casa donde Mauricio vivió con su madre Doris Ramírez y sus cinco hermanos.

“Teníamos que decir que el padre Soto nos había acogido en su casa. Solo cuando todos se iban le podíamos volver a decir papá”, recordó Mauricio y sobre su apellido aclaró: “Nos quedamos con el apellido de mi mamá, porque queríamos proteger a mi padre”.

El “cura Soto” vivía tranquilo con su familia en la casa de Wilson con silencio solidario de los vecinos de El Morro. El 1978, Domingo Soto le confieza a su superior, el obispo de la época José del Carmen Valle ((1967-1984), cosa que cayó mal en la iglesia.

“Tal fue el revuelo dentro del obispado y en los sectores conservadores de la época, que a pocos días de su confesión religiosa, y ante su negativa de abandonar la parroquia que por 38 años dirigió, Carabineros intervino para tratar de sacarlo por la fuerza. “Pero la gente, que lo quería y lo respetaba mucho, salió a defenderlo. No dejaron que Carabineros nos sacara de la Iglesia”, recuerda Mauricio. Para evitar que la tensión escalara entre los pobladores y la policía, el religioso cedió”.

El “cura Soto” falleció en 1988.

“En el Concilio I de Letrán (1123), el Papa Calixto II condenó de nuevo la vida en pareja de los sacerdotes y avaló el primer decreto explícito obligando al celibato. Poco después, el Papa Inocencio II, en los canones 6 y 7 del Concilio II de Letrán (1139), incidía en la misma línea —lo mismo que su sucesor Alejandro III en el Concilio III de Letrán (1179)— y dejaba perfilada ya definitivamente la norma disciplinaria que daría lugar a la actual ley canónica del celibato obligatorio… que la mayoría de clérigos, en realidad, siguió sin cumplir”, Pepe Rodríguez, periodista y escritor español.