Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

Cada 10 segundos una persona muere en el mundo a causa de la DIABETES. Cada 10 segundos dos personas desarrollan DIABETES”.

Nuestro país está viviendo una realidad que resulta altamente preocupante, a saber, la problemática del sobrepeso y la obesidad infantil, un trastorno de la alimentación que está afectando –dependiendo de la fórmula de medición que se use–, entre el 45 y el 51% de los menores y se proyecta que a mediano plazo el 70% de los niños chilenos serán obesos, si es que muy pronto no se produce un real y drástico cambio en las políticas y medidas de prevención, ya sea por parte del Estado y también por parte de los propios padres de los menores.

De acuerdo con diversos estudios nacionales y extranjeros, Chile ocupa actualmente el primer lugar en obesidad infantil y adulta a nivel latinoamericano, el sexto lugar a nivel mundial en obesidad infantil y, sin duda alguna, ocupa niveles de obesidad muy superiores a la media de los 36 países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el desarrollo económico (OCDE).

Lo que muy pocos parecen advertir, es que esta triste realidad en salud –que ha adquirido el carácter de epidemia mundial– representa una peligrosa bomba de tiempo que está a punto de estallar a través del desarrollo en los niños de diversas enfermedades catastróficas asociadas al sobrepeso y la obesidad, entre las cuales podemos señalar la diabetes, el cáncer, el síndrome metabólico, hipertensión arterial, problemas cardíacos, apnea del sueño, insuficiencia renal, pérdida de visión (retinopatía diabética), etc. Y si todo lo anterior no fuera suficiente, agréguele el ir por la vida con una muy baja autoestima personal. Un dato sólo para graficar el desastre que se avecina a nivel mundial: EE.UU. tiene actualmente más de 30 millones de personas con diabetes, Brasil tiene 13 millones y México tiene 12,5 millones de sus habitantes con diabetes.

Ahora bien, un niño no sólo desarrolla diabetes por causas genéticas –tal como es el caso de la diabetes tipo 1– sino que también la “adquiere” –¡y gratuitamente!– a causa de un sedentarismo a ultranza, la falta de actividad física y una errada alimentación, donde destacan excesos en la ingesta de alimentos ricos en carbohidratos, tales como pastas, arroz, papas fritas, galletas, pasteles, etc., lo que sumado al alto consumo de dulces, jugos y bebidas, entrega una “dieta venenosa” –por no decir mortal– para la salud de los niños. En realidad, es una anti-dieta, que los conduce directamente a la diabetes tipo 2.

La diabetes tipo 2 es una combinación de resistencia a la insulina y deficiencia de insulina, siendo el tipo más común de diabetes, ya que representa alrededor del 95% de todos los casos. Es una enfermedad crónica e irreversible, que se desencadena cuando el páncreas no fabrica suficiente insulina o bien, cuando el organismo no la utiliza de manera eficaz.

De acuerdo con datos suministrados en el año 2017 por la Cámara de la Innovación Farmacéutica (CIF), Chile se ha convertido en el “líder en diabetes en América del Sur”, estimándose que en nuestro país hay casi 1.600.000 personas con diabetes y que el 12% de la población adulta la padece. Estas altísimas cifras parecieran indicar que a nadie le interesa que la gente se enferme –ni siquiera a las mismas personas–, y la población sigue manteniendo un estilo de vida insalubre y que gatilla grandes males, como si nada.

No está de más decir, que hoy en día, la diabetes y el cáncer representan un excelente y millonario negocio para el gremio médico, así como para las empresas farmacéuticas, razón por la cual, no se advierte por ningún lado, un verdadero interés en frenar esta epidemia, especialmente, si se piensa que una de las principales causas de la diabetes en Chile, es la obesidad. Los datos que avalan lo anterior son fáciles de encontrar en distintas fuentes de información: casi el 40% de la población adulta tiene sobrepeso, el 23% es obeso y entre el 2 y el 3% tiene obesidad mórbida.

Hoy en día –y a muy temprana edad–, los niños están cada vez más expuestos al consumo de comida chatarra, golosinas y productos con alta concentración de azúcar, lo cual, sumado a las largas horas frente al televisor, jugando videojuegos, manipulando los tablets, celulares, iPods, iPads o sentados frente al computador, trae aparejado una escasa o nula actividad física, condición que termina por incidir en que diversos males comiencen a gatillarse en los menores. A mediano y largo plazo, todo esto termina por afectar el sistema inmunológico, provocando enfermedades de tipo cardíaco y respiratorio, diabetes tipo 2, complicaciones al hígado y al páncreas, entre varios otros trastornos igual de negativos, que ya han sido señalados previamente.

Los investigadores y especialistas en el tema recomiendan que a los niños se les entregue una alimentación equilibrada que les ayude a elevar las defensas de su sistema inmunológico, así como también su nivel de energía, con la finalidad de evitar que desarrollen diabetes o, por lo menos, mantenerla a ralla, en aquél caso que el menor padezca diabetes tipo 1.

Para lograr los objetivos anteriores, es fundamental propiciar en los niños el consumo habitual de frutas y verduras –por sus altos contenidos de vitaminas, minerales y fibras–, así como también de productos como legumbres, carnes blancas y ciertos productos lácteos como yogur natural, al mismo tiempo que evitar –de manera firme e inapelable– que los menores sigan consumiendo productos altamente procesados, tales como galletas, papas fritas, cereales o cualquier otro alimento que contenga altas concentraciones de sal, azúcar y grasas saturadas. En este sentido, las bebidas y gaseosas, tales como la Coca-Cola, Fanta, Bilz o cualquier otro tipo de jugo o bebida azucarada, deben eliminarse, ojalá, por completo.

Otro aspecto importante que ayuda a alejar la posibilidad de desarrollar diabetes, tener sobrepeso o sufrir de obesidad, es que los niños realicen mucha actividad física, de preferencia, al aire libre: caminar a paso rápido, correr, saltar, andar en bicicleta, bailar, hacer gimnasia, etc., son alternativas que propician en los niños una vida sana, lo que a su vez, los aleja del sedentarismo, una realidad que predomina en la sociedad moderna.

Finalmente, resulta relevante consignar que los padres son los principales responsables de forjar buenos hábitos de todo tipo en los niños, los que, por supuesto, incluyen los hábitos relacionados con una alimentación y vida sanas.

En función de lo anterior, es tremendamente urgente que la prevención se inicie desde muy temprano, ojalá desde el nacimiento mismo del menor, si es que no queremos que la bomba de tiempo nos estalle en nuestras propias caras.

1 Comentario

  1. Es lamentable tener que decirlo, pero a partir de los datos e información que tenemos a disposición, será muy difícil revertir las estadísticas en cuanto a sobrepeso, obesidad y diabetes que hay en nuestro país, puesto que todos los programas implementados hasta ahora con el fin de hacer «prevención» han fallado miserablemente. Es cosa de examinar las cifras y aceptar que, por lo menos a corto y mediano plazo, las cifras continuarán elevándose. Triste y doloroso para muchos niños que terminarán con enfermedades que pudieron ser evitadas.

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