La sexualidad es en muchas ocasiones un tema tabú. Es cierto que cada vez parece que hay más libertades cuando se habla de ello, pero queda mucho por recorrer y a muchos les saca los colores porque creen que no hay que hablar sobre esto.

¿Es lo mismo que el bondage? Dejarse llevar y no controlar lo que va a pasar es lo que les resulta más placentero a muchos en su vida íntima. La dominación sexual o el sadomasoquismo es una conducta sexual que implica dolor físico y juegos de dominación, pero ¿hay límites? ¿Cómo se ponen?

El diario españolel Confidencial, en su seccion Alma Corazon y Vida, publicó una nota sobre este tema, donde cuatro mujeres, a las que se guadó su identidad, cuentan sus experiencias.

La sexualidad es en muchas ocasiones un tema tabú. Es cierto que cada vez parece que hay más libertades cuando se habla de ello, pero queda mucho por recorrer y a muchos les saca los colores porque creen que no hay que hablar sobre esto. ¿Es lo mismo que el bondage? Dejarse llevar y no controlar lo que va a pasar es lo que les resulta más placentero a muchos en su vida íntima. La dominación sexual o el sadomasoquismo es una conducta sexual que implica dolor físico y juegos de dominación, pero ¿hay límites? ¿Cómo se ponen?

¿Qué consideras como sexo duro?

A: «El que va más allá de lo convencional, de lo socialmente aceptado y en el que entrarían en juego prácticas como el sexo anal o el que incluye artículos eróticos de ‘alta graduación».

B: «Todo sexo que se salga un poco de las prácticas «normales» o aceptadas, cuando pienso en sexo duro se me viene a la cabeza el BDSM».

Hay muchos tabúes en cuanto al sexo: sigue vigente eso de que el hombre al que le gusta lo cañero es un machote y la mujer una guarra

C: «Sexo sin ‘mimitos’. Creo que para mi que significa cañero está bastante cerca del salvaje o demasiado apasionado. Puede que incluso con cierta violencia, pero sin llegar a hacerse mucho daño».

D: «Relaciones sexuales que impliquen más violencia y dominación que un simple cachete».

¿Hay límites? ¿Dolor?

A: «En principio no. Y si los pongo, a veces han cambiado sobre la marcha, casi siempre poniéndolos más lejos. Nunca he tenido un dolor o he sufrido un daño insoportable».

B: «Creo que eso es un poco intuitivo de cuando estás en la faena, pero imagino que hay cosas que si no te gusta hacer o que te hagan bajo ninguna circunstancia es mejor hablarlas antes». «Jamás he tenido dolor», añade.

C: «No he tenido que ponerlos nunca. Por ahora ha ido siempre bien. A veces me he hecho daño, pero sin querer: puede que con algún mordisco o cosas asi».

D: «No, se van viendo en el durante. Si algo no te gusta, lo paras. Lo máximo que me ha pasado ha sido que me mordieran de más o me diese un tirón en el cuello».

EL CONFIDENCIAL