“El fuero para el gran ladrón y sinvergüenza, la cárcel para el que roba un pan” (Pablo Neruda).

 

Dr. Franco Lotito C.


El Observatorio de Desigualdades de la Universidad Diego Portales, ha constatado un notable aumento del “sentimiento de injusticia” en la población chilena, el cual, se ha duplicado en los últimos años, especialmente –aunque no exclusivamente– en lo que dice relación con las grandes barreras para acceder a prestaciones dignas de salud, una educación de calidad, ingresos económicos que sean justos y acceso a una justicia… que no sea una justicia tuerta.

 

La razón de señalar esto último, es muy simple: hoy en día, la ciudadanía observa –con gran desazón y frustración– una corrupción del tipo galopante en el poder judicial y en las fiscalías, donde las acusaciones cruzadas entre fiscales y entre jueces –Sergio Moya, Emiliano Arias, Jorge Abbott, Marcelo Vásquez, Emilio Elgueta, Marcelo Albornoz, etc.–  de “tráfico de influencias”, “nepotismo”, “prevaricación y enriquecimiento ilícito”, “recepción de coimas”, “ofertas para ocupar puestos de subsecretarías”, “ocultamiento de información”, etc., están a la orden del día, y no cesan de llenar las portadas de los diarios, revistas y noticiarios de televisión.

 

Por si fuera poco: 1. El fiscal nacional, Jorge Abbott –una figura siniestra de la justicia–, se tomó la libertad de hacer –por cuenta propia– un acuerdo para «colaborar e intercambiar información» con la misma institución y con los cientos de sacerdotes que están siendo investigados por diversos delitos de abusos sexuales y violación. Luego de las miles de crítica recibidas –incluso desde las propias filas de la fiscalía– tuvo que retractarse públicamente de su siniestro pacto.

 

  1. El fiscal regional, Emiliano Arias, fue suspendido de sus funciones por estar involucrado en diversos acuerdos tan “raros” y poco limpios como los de su propio Jefe, el Sr. Abbott.

 

  1. El fiscal Sergio Moya ha sido acusado de obstrucción a la justicia en el nefasto “Caso Huracán”, así como también por sus contactos directos con varios altos oficiales de carabineros que fueron depuestos de sus cargos: ex generales Bruno Villalobos y Gonzalo Blu, entre otros.

Si a lo anterior le sumamos el gran desfalco al fisco perpetrado por generales de carabineros –entre los cuales, nuevamente aparece el ex general Bruno Villalobos– así como altos oficiales del ejército, las interminables colusiones entre empresarios, las colusiones entre empresarios y parlamentarios, acuerdos bajo cuerda entre autoridades de los gobiernos de turno y grupos políticos progobierno manipulando y obligando al Servicio de Impuestos Internos (SII) a actuar en uno u otro sentido –de acuerdo con sus propios intereses, por cierto–, etc., rápidamente nos damos cuenta de las razones de fondo para que exista este fuerte sentimiento de injusticia en una parte sustancial de la  población.

Son muchas las personas que coinciden en que Chile sigue siendo un país tremendamente injusto, donde las desigualdades de todo tipo –económicas, sociales, educacionales– están a la vista de todo aquél que las quiera ver.

 

Por otra parte, hay otras personas que aseguran que si hay gente pobre, es porque la “gente es floja”, sin que quienes afirman tal cosa tan superficialmente, tomen en cuenta que la pobreza es un fenómeno estructural, el cual, dadas las condiciones de injusticia reinantes en Chile, tiende a perpetuarse, por cuanto, una persona no elige voluntariamente ser pobre, sino que nace en la pobreza, siendo probable, que esa persona siga reproduciendo el ciclo de pobreza –en una suerte de desesperanza aprendida– debido a que tal situación está directamente asociada con múltiples carencias económicas, cognitivas, afectivas y educacionales. Y para qué hablar de la “administración de justicia”.

 

Ha sido el propio vocero y ministro de la Corte Suprema, Lamberto Cisterna, quién ha tenido que reconocer públicamente, que él no descarta en absoluto que en otros centros de justicia se encuentren las “mismas irregularidades detectadas en la Corte de Apelaciones de Rancagua”, donde el amiguismo, el pitutismo, el nepotismo, el compadrazgo y el tráfico de influencias prevalecen por sobre los principios de ética y de justicia.

 

Las cosas que nos están retrasando –y empantanando– incluyen un Estado ineficiente y que se ha dejado corromper, dando hoy exactamente lo mismo, si el gobierno de turno es de derecha o es de izquierda, ya que ante nosotros tenemos a una sociedad donde las personas que desean avanzar de manera correcta y basados en ciertos principios de rectitud no pueden utilizar sus talentos, su ambición, su ingenio ni la formación académica que puedan alcanzar, si no “tienen santos en la corte” –tal como muy bien lo expresa este antiguo dicho–, equivalente a tener “un pituto”, “un padrino”, o bien, contar “con un sujeto influyente y corrupto” en las altas esferas del poder.

 

Chile seguirá acumulando millones de gente pobre, precisamente porque continúa siendo gobernado por una reducida élite política y económica –élite que ya no se sabe a ciencia cierta qué “color” político tiene–, la que ha organizado a la sociedad de manera tal, que todo se hace en su propio beneficio y a costa de la mayor parte de la población. El poder político y económico se ha concentrado en muy pocas manos y se lo ha utilizado para crear una gran riqueza, pero… únicamente en favor de todos aquellos que ostentan dicho poder junto a sus respectivas familias.

 

Digámoslo derechamente: el grueso de los problemas de una parte importante de los chilenos que genera este sentimiento de injusticia –social, económica, laboral, educacional– tiene que ver, precisamente, con los malos sueldos existentes, la gran dificultad para acceder a buenas prestaciones de salud, la mala administración de la justicia, la precaria protección social y laboral existente, así como la escasa capacidad de negociación que tiene el trabajador chileno con su empleador acerca de sus condiciones laborales y contractuales.

 

Señalemos, finalmente, que una educación de mala calidad lo único que “engendra” y reproduce, es una sociedad de mala calidad, teniendo muy presente ante nuestros ojos, que la pobreza no la “crea” la gente pobre: ésta es producto directo del sistema social desigual que impera, hoy en día, en nuestra sociedad.

En tanto que una justicia tuerta y corrupta lo único que genera, a su vez, es rabia, impotencia y frustración, que luego termina en expresiones de violencia y agresión.

*Dr. Franco Lotito C. –  www.aurigaservicios.cl Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)