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Quizás la historia le entregue un lugar y un apelativo a su aporte a la política chilena. Además el nombre de Carlos Altamirano, que hoy su figura recibe saludos y salamerías, fue el que prendió la mecha para que los militares dieran el golpe en septiembre de 1973.

Altamirano era de una familia pudiente de Santiago. Una familia ligada, en esos años, a la propiedad del Banco de Chile. Se recibió como abogado de la Universidad de Chile en 1947. Pero años antes ya le había picado el mosquito de la política. En la universidad conoció a Cloromiro Almeyda y su salto al Partido Socialista, pero ese partido tradicional más al lado izquierdo del cuerpo, no como el de hoy.

Su actuar e impulsos alocados al interior del partido socialista, como diputado y como senador de la República, hizo que los parlamentarios de derecha lo apodaran el “Mayoneso”.

¿Pero que lo ligaba al sobrenombre?

Según explicaban los que lo bautizaron, que primero era un “loco con mayo”, como se le dice al plato de molusco con mayonesa que se servia en el Bar Nacional, pero con el tiempo el apodo se achicó y quedó como “Mayoneso” Altamirano.

MOMIOS

Caricatura de Carlos Altamirano. Mayo 1966 (Biblioteca Nacional)

Su temperamento juvenil o acelerado, a veces lo traicionaban. Sus incendiarios discursos contra la burguesía o los “momios”, hoy no cumpliría los estándares de la política del siglo XXI.

Días antes del golpe de 1973, Altamirano en un acto político acusaba a la CIA de financiar los paros de los transportistas, cosa que era realidad. Además denunciaba que en las fuerzas armadas se estaba incubando un golpe de Estado. Allí leyó una carta de suboficiales de la Armada que denuncian de lo que pasaba al interior de los cuarteles , casi en la narices de La Moneda.

Llegó el Golpe del 11 de septiembre de 1973, con Pinochet subiéndose al carro al última hora, y el señor Altamirano arrancó. Salió del país en el interior de un maletero de un automóvil con destino a Mendoza, Argentina, de allí saltó a Europa. No se sentía seguro tampoco, ya que los agentes de la DINA habían extendido sus brazos al extranjero para liquidar políticos opositores. El atentado a Orlando Letelier en 1976 y antes al general Prat en Buenos Aires, no le hacían una vida cómoda.

ABUELITO

Llegó la democracia y “Mayoneso” se convirtió en un abuelito con cara de bueno para contar cuentos a los nietos. La periodista Patricia Politzer escribió un libro sobre las aventuras de Altamirano, donde él, quizás como un mea culpa Altamirano dijo : “Mientras yo sea el gran culpable del fracaso de Allende, todos los demás pueden dormir tranquilos”.

Tras esa frase, muchos pueden dormir tranquilos…