Un poco triste y oscuro es el futuro de aquellas personas que se acostumbran al dulce sabor de lo fácil” (F.L.C.).

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


El Colegio de Profesores ha anunciado un nuevo paro nacional indefinido, es decir, otro más entre los tantos que ya han protagonizado los profesores en la historia de nuestro país y que tantas miles de horas de clases les ha costado a los estudiantes chilenos. Eso por una parte. Por otro lado, un reportaje de Televisión Nacional de 2018 sacó a la luz la insólita situación que vivían decenas de alumnos de escuelas públicas que llegaban a octavo básico sin saber leer ni escribir. Eran alumnos de la comuna de Cerro Navia que estaban a punto de pasar a la educación media, pero que poseían el nivel académico de niños de segundo básico. Lo anterior en pleno siglo XXI y en plena democracia.

Algunos datos duros:

1. Tenemos a varias pseudo universidades que han debido cerrar sus puertas, ya sea, por la mala calidad de la educación ofrecida, por la quiebra fraudulenta y/o por la estafa a miles de sus estudiantes: Universidad del Mar, Iberoamericana, Arcis, etc.

2. Seis Universidades tendrán que cerrar este año sus carreras de pedagogía por su mala calidad o por no estar acreditadas: Universidades Bolivariana, Los Leones, Pedro de Valdivia, La República, SEK y Gabriela Mistral.

3. De acuerdo con un estudio de la organización Elige Educar, para el año 2025 van a faltar más de 32.000 profesores, 13.800 de ellos corresponden a profesores de Enseñanza Media, lo cual provocará un descalabro aún más grande del que ya tenemos.

Una pregunta, entonces: ¿pésima educación, malas políticas de Estado o falta de ética profesional? O… ¿todas las anteriores?

Cuando uno examina lo que escriben niños, jóvenes y adultos en sus comentarios de Facebook y en otras redes sociales, uno se pregunta, si la experiencia que viven algunos niños en escuelas públicas de Cerro Navia, es un “caso único” o se trata de una condición que se repite, una y otra vez, a nivel nacional, por cuanto, la escritura de miles de adolescentes y adultos deja muchísimo que desear, mostrando verdaderos “horrores”, más que “errores” ortográficos y de redacción.

Y si hablamos de la capacidad de comprensión lectora, un estudio realizado por el Centro de Microdatos de la U. de Chile, arrojó resultados pavorosos: casi el 70% de la población chilena –de todas las edades– no entiende lo que lee, en tanto que otro estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) reveló que el 62% de la población chilena no era capaz de resolver simples problemas matemáticos. Al parecer, en pleno siglo XXI tenemos un número impresionante de personas que pueden ser clasificadas como “analfabetas funcionales”.

En este contexto, y de acuerdo con investigadores del Centro de Microdatos de la U. de Chile, las diferencias y falencias en relación con el Capital Humano indicarían que un 32% de la brecha del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile estaría vinculado “con las brechas de la capacidad lectora de la población”, al compararla con los otros países de la OCDE.

Dicho lo anterior, no hay forma alguna de evitar la vergüenza que le tocará vivir a miles de jóvenes cuasi analfabetos cuando salgan a buscar trabajo, ya que representan un claro ejemplo de la total ineptitud, indolencia e impudicia con la cual los diversos gobiernos de turno de nuestro país –dando exactamente lo mismo si son gobiernos de izquierda o de derecha– han “administrado” el tema de la educación. Cuando una escuela pierde a un estudiante por “deserción”, lo que está haciendo, es regalarlo, simplemente, a la delincuencia. En función de lo anterior… ¿cómo se le pide perdón a los miles y miles de niños y adolescentes chilenos que irán por la vida como simples personas ignorantes y analfabetas? Pero eso no es todo. El MINEDUC debió reconocer hace un tiempo atrás que “más de 400 mil personas adultas no sabían leer ni escribir” en nuestro país. Directo, claro y… catastrófico.

En ocasiones, parece un desperdicio de tiempo hablar acerca de la “calidad” de la educación en Chile, sea que hablemos de educación básica, media o universitaria, ya que nunca ha existido un verdadero y real interés por parte de las autoridades por verificar si los estudiantes salen ignorantes o no de las instituciones de educación, sea que se trate de educación básica, media o universitaria.

Al final, habrá abundancia de gente que, en rigor, representará “mano de obra barata e ignorante” para las élites gobernantes y económicas de este país.

Cuando uno investiga y analiza lo que ha sucedido en otros países europeos y asiáticos, tales como Finlandia, Suecia, Noruega, Singapur, etc., que han emprendido una verdadera cruzada en favor de una educación de calidad para todos los sectores de la población – no sólo para las élites–, muy pronto se advierte algo extraordinario: ese gran objetivo llamado “educación de calidad”, no sólo redujo las grandes desigualdades sociales y económicas entre la población, sino que también redujo notablemente el nivel de la delincuencia, el alcoholismo, la drogadicción y, lo que no deja de ser importante, el gran resentimiento que los pobres experimentan en contra de las élites privilegiadas, algo que nuestras autoridades y élite gobernante parecen olvidar constante y completamente, cuando vemos que alrededor de quinientos mil jefes de familia ganan en Chile el sueldo mínimo de $300.000, es decir, justo para no morirse de hambre y convertirlos en verdaderos esclavos del sistema, en tanto que más de la mitad de los trabajadores chilenos gana menos de $500.000 mensuales.

Dadas las circunstancias ¿de qué nos sorprendemos al ver el elevado nivel de violencia, frustración y depresión existente en Chile? ¿O advertir cómo se disparan los índices de delincuencia y de niños de entre 12 y 14 años asaltando, robando autos y haciendo portonazos pistola en mano a diestra y siniestra? Incluso más. De continuar las cosas tal como están hoy en día en nuestro país, el caso del niño de 14 años que ingresó en un colegio de Puerto Montt pistola en mano con la intención de producir una masacre entre sus compañeros y profesores, lamentablemente, no será un caso único. En esta oportunidad, tan sólo el azar y la buena fortuna hizo que el arma de este niño fallara y que solamente alcanzara a dispararle en el cuello a uno de sus compañeros, ya que este escolar lo tenía todo planificado y venía preparado con un total de 16 proyectiles para concretar su masacre.

Ahora bien, no obstante lo horroroso de su crimen –que le pudo haber tocado a cualquiera de nuestros hijos–, ante los ojos de las leyes de nuestro país, este joven pistolero es considerado inimputable y sin discernimiento, en función de lo cual, nunca podrá ser juzgado ni castigado por su atroz crimen.

Es a raíz de todo el conjunto de cosas que se ha planteado más arriba, que se requiere en forma urgente, que nuestro país emprenda una verdadera cruzada en favor de una educación de calidad, una cruzada que se fundamente en acciones concretas y que no se quede sólo en hermosas palabras y en las grandes promesas eleccionarias que nunca se cumplirán.

De otra forma, estaremos construyendo una sociedad donde prima la falta de respeto, el uso gratuito de la violencia, una permisividad sin límites en las escuelas y en el hogar, la falta de disciplina, etc., con modelos de violencia que se ven en todas partes: portonazos, asesinatos, femicidios, asaltos violentos, etc., donde se mata por un pack de cervezas o por un miserable paquete de cigarrillos.