NELSON MONDACA I.*


Han pasado unos días. La cuenta pública del Presidente, creo que no ha dejado a ninguna persona indiferente. Todos los chilenos y chilenas tenemos derecho a expresar una opinión y no solamente los personeros que estuvieron en el parlamento. Por supuesto, los diferentes medios de comunicación hacen su pega entrevistando a los políticos que de alguna manera son referentes nacionales.
El horario de esta tradicional ceremonia, es un punto de discusión oficial. Demasiado tarde, no permite que la prensa escrita pueda en tiempo real ejercer su trabajo. También, posterga otros programas televisivos de preferencia para los adultos mayores. Por otro lado, se junta con anular otras promociones turísticas. Se pueden agregar otros aspectos negativos, sin embargo, hay que ver la otra cara de la medalla. En general permite que una gran mayoría de nuestros compatriotas está en sus hogares y descansan de sus tareas diarias. Mirando, así las cosas, tenemos más tiempo y tranquilidad, sí voluntariamente, queremos ver en vivo esta cuenta pública de la marcha del país. En este caso, por cerca de dos horas el discurso de nuestro Mandatario.
Vamos a lo central. Cómo todo discurso político trae mucho ruido y pocas nueces. En que país vivimos. ¿Vivimos en el país de las maravillas o en el país de los mayores atrasos humanos? Puede que, ni lo uno ni lo otro, y tengamos una forma de ambas realidades transportadas por nuestra Constitución. Parece algo satírico, es como ver un río sin agua y a un reinado sin monarcas y realezas.
En otras palabras, la existencia de un Estado donde conviven bajo la convicción democrática dos realidades muy distintas. Algo imposible, pero objetivamente posible. Puede existir una feroz crítica como a la vez fervorosos aplausos de sus partidarios. El discurso construye la idea de una República modelo que lidera en Sudamérica la vía para alcanzar el desarrollo en una próxima década. El Estado político casi perfecto que sufre los embates de una guerra comercial de las principales potencias. Realidades, mezcladas con sueños y esperanzas. Riquezas de unos pocos surgidas a costa de las miserias e injusticias de las grandes mayorías.
Se puede pintar el Estado del color que queramos. Desde el ideal hasta los más sublime de la perfección, solamente, que la sociedad vive la plena postergación de sus pensiones miserables, del empleo con sueldos precarios y de la visión de una estructura de Estado con fundamentos de corrupción.
Entonces, después del discurso presidencial, las reacciones son parte de los intereses en juego. Prosiguiendo, en los ciudadanos siempre existe la natural confianza en que el país puede mejorar y superar sus errores políticos, muchos de los cuales, se han enquistado en sus propias entrañas legales y normas de marco institucional.
No puedo dejar de mencionar que los anuncios en obras de transporte público para la región metropolitana y central del país, fueron muy bien recibidos. Las ciudades de Valparaíso, San Antonio y más al sur, Concepción, se llevaron los beneplácitos de la “chusma inconsciente”. Nuestro norte fue olvidado completamente. De este modo puedo sostener que la desigualdad en la distribución de los recursos va en directa proporción al número de habitantes de cada región. A menor población menos peso político, por lo tanto, menos progreso.
En lo que a mi concierne, el plano laboral, la rebaja de 195 horas a 180 la jornada de trabajo mensual, dice relación en forma específica con sectores excluidos de la jornada laboral de las 45.00 horas semanales, según el Artículo N° 22 de Código del Trabajo (C.T).
En esta rama jurídica, hay otras excepciones al Artículo N° 22 del C.T., y tienen contractualmente una jornada mayor de 45.00 horas semanales. Sí mi lectura es correcta, entonces, significa un gran avance para los trabajadores/as contemplados en los Artículos 22 al 27 del C.T. Lo que implica que Chile por fin se pone a la altura de la OCDE y respeta la regulación de la OIT.

 

*Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijlaba@gmail.com