Celene Sánchez, limeña de nacimiento e iquiqueña por opción y cariño a la Tierra de Campeones, donde se formó como educadora y sus conocimientos lo entrega hoy en un colegio municipalizado. Desde la Escuela Croacia ha proyectado su vida a sus alumnos y a su familia. Celene es profesora de historia de la Universidad Bolivariana, vive hace 18 años en Iquique.

MARISOL MUÑOZ ROJAS


“Me gusta escribir, me gusta leer, me gusta enseñar”, nos dice de entrada Celene como presentación y agrega al instante “Me vine a Iquique por un verano hace 18 años. Vine a visitar a mi hermano que vivía acá, él estaba con su familia”.

-¿Pero te quedaste?
-Yo estudiaba en Lima en la Universidad Villarreal licenciatura en literatura. Cuando llegue a Iquique y me gustó tanto, era una ciudad pequeña. La playa estaba cerca de la ciudad, encontré mucha paz a diferencia de Lima, que es una ciudad caótica. Iquique me cautivó e hizo que no me vaya más.

-¿Por qué estudias pedagogía en historia siendo migrante?

-En realidad no empiezo por querer estudiar historia. Yo quería estudiar literatura, era lo que me gustaba y lo que yo ya estaba estudiando en Lima. Acá no había ninguna universidad que enseñara licenciatura en literatura. En el norte no había ninguna universal, yo estudié siendo mamá, ya me era complicado cambiarme a una ciudad como Santiago, quién cuidaba a mi hija. Yo no tenía familia allá, entonces tienes que buscar cómo sobrevivir, en cambio acá tenía la ayuda de la familia del papá de mi hija, además mi hermano todavía vivía acá. Yo como siempre he sido humanista, empecé a ver toda las carreras humanistas, que sea más afín a lo que mí y la literatura. Y hallé en la historia un encuentro con la literatura, bien cercano. Una de las primeras cosas que leí fue un poema de comienzo del descubrimiento de Chile, fue este que me ayudó a unir la historia y la literatura; fue a través de las letras y poesía.

Ahora trabajas en un colegio con alta población migrante…

-Ha sido un valor agregado, porque puedo entender muchas realidades, muchas cosas, porque yo también viví en una pieza, usamos un baño común, no me podía bañar a la hora que yo quería porque alguien se estaba bañando. Esas situaciones que los niños del colegio pasan, de repente viven muchos en una pieza, donde hay que hacer fila para entrar al baño, por eso yo comprendo la realidad de ellos y de las mamás. Algunos se sienten bien cuando les digo que soy extranjera o se dan cuenta por mi forma de hablar. Se sienten bien empatizan con uno. Eso me ha dado un valor agregado al ser profesora y ejercer la docencia en el colegio.

-¿Y tu relación con los apoderados cómo es?

-Hay un peso ahí, una carga de uno que uno mismo se pone , una emocional de responsabilidad , liderazgo, de querer todo salga muy bien, de dirigir bien, y da satisfacción también se van solucionando, vez que los papás te escuchan, me encontrado con padres y madres que son peruanos, bolivianos, colombianos. Cuando converso con los apoderados se sienten bien de encontrarse con alguien de otro lugar, que puede comprender una situación, y que a través de mi experiencia en ese caso mi pueden buscar también una solución.

-¿El sistema Chile acoge a los migrantes?

-El sistema de educación es con doble discurso, desde cierta manera los acoge desde el currículum, pero si uno habla de una educación nacional no sucede. Hay una responsabilidad pero no al cien por ciento de acoger a los niños migrantes. Hay muchas necesidades, falta de información, no se educa a los apoderados, por ejemplo. Hemos pedido que hagan talleres a los apoderados sobretodo extranjeros, para que ellos se empapen de la realidad educativa de un colegio municipal, para que se empapen de temas generales. Yo siento que no se representa al cien por ciento la realidad de los niños que son extranjeros.

-¿Que es el territorio para ti?

-Un espacio geográfico que está ligado a un sentimiento de nación, el lugar donde uno nace, ese terruño que da identidad.

-¿Cuál es el tuyo?

-Yo me he dado cuenta, que con todo los años que vivo en este país, que mi territorio es el mundo. No soy de Perú, ni de Chile, soy del mundo. A veces, cuando los niños no saben de dónde soy, porque muy poco les digo. Les expreso que yo soy del mundo, internacional, que soy de todos los países, trato de no ponerme de aquí soy yo. Algunos se quedan tranquilos y otros más confundidos.

-¿Cómo crees te miran tus cercanos, tus alumnos?

-Quiero que ellos me recuerden como una mujer que pudo salir adelante. Quiero que ellos vean en mí el sentido de superación. Me superé con mucha ayuda de muchas personas que me ayudaron a cuidar a mi hija. Quedarse conmigo un rato, me ayudaron motivándome, dándome trabajo, dándome un lugar donde vivir cuando yo no tenía y a pesar de eso yo no desfallecí. Hubo mucha gente que apareció en camino diciéndome ya no continúes estudiando, tienes tu hija, tienes otra responsabilidades y yo hice como oídos sordos. Siempre tuve claro que tenía una responsabilidad, que tenía mi hija, tenía claro que debía trabajar en algo mientras seguía estudiando, pero no deje de estudiar, seguí y me esforcé. Tuve que hacer un millón de cosas no productivas para el logro que yo ahora tengo, tuve que dejar muchos placeres de la vida para seguir esforzarme más. Yo quiero que ellos vean eso, que no fui débil en ese momento, yo fui constante con todo lo que me estaba pasando en ese momento. Yo viví en una pieza, hacinada, sin trabajo estable, siempre debía pagar atrasada. Terminé la universidad con una gran deuda, que de apoco se fue pagando. Así, quiero que ellos vean que cuando uno sueña, los sueños se hacen realidad. Uno tiene que ser constante.