Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador (UACh)


Las personas tienden a olvidar con una facilidad increíble lo importante que es el hecho de estar vivos, sanos y felices… hasta que se enferman” (F.L.C.).

Partamos diciendo, que el cáncer no se combate solamente con medicamentos, intervenciones quirúrgicas, quimioterapia o radioterapia. Algunas de estas medidas pueden ser consideradas, incluso, solo de carácter provisorio o paliativo, ya que un tratamiento médico no está en condiciones de asegurar la sanación del paciente afectado en un ciento por ciento, por cuanto, el cáncer puede reaparecer nuevamente algún tiempo después –proceso llamado recidiva–, con más agresividad que antes.

Por otra parte, también es preciso comprender, que cuando se ha llegado a solicitar la intervención de la medicina, es porque el cáncer ya está ahí, ya ocupó un espacio vital de nuestro organismo, por lo tanto, en este caso, el sujeto ha sido reactivo frente a un mal que puede atacar a cualquier persona, a toda edad y de todo estrato social.

Se requiere entonces, ser proactivo, entendiendo a la proactividad como la realización de todas aquellas acciones, actividades, decisiones y medidas que permitan a las personas evitar o, a lo menos, prevenir y minimizar las posibilidades de contraer y desarrollar un cáncer. Dicha posibilidad es un hecho concreto, efectivo y real que está al alcance de toda persona que tenga conciencia clara del impacto que tal enfermedad puede tener en la persona y en la familia. Por lo tanto, si no se toman las necesarias medidas preventivas, todo esfuerzo restante se hace insuficiente.

De acuerdo con las sugerencias e indicaciones que ha entregado la Organización Mundial de la Salud (OMS), los distintos gobiernos del mundo deberían obligarse a establecer políticas de Estado que sean claras y precisas en relación con el cuidado de la salud pública, la implementación de mejores y más eficientes programas preventivos, y un mejor y eficaz uso de las vacunas disponibles en contra del cáncer.

En el año 2017, la OMS aseguró que la enfermedad estaba “creciendo en todo el mundo a un ritmo alarmante”, razón por la cual, era necesario diseñar nuevas estrategias para efectos de limitar su expansión. A su vez, el Informe Mundial sobre el Cáncer aseveró que alrededor de un 40% de todos los tipos de cánceres podrían ser evitados si las autoridades, las instituciones de salud, el gremio médico y las personas mismas aplicaran de manera adecuada el actual acervo de conocimientos acerca del conjunto de medidas en la prevención del cáncer.

Los hábitos de vida de las personas influyen de manera poderosa para que ciertas situaciones vinculadas a diversos males –que incluye el cáncer– se manifiesten. Lo relevante es trabajar en la prevención de la enfermedad y evitar que ésta se desarrolle.

A continuación, señalaré algunas medidas que –partiendo por modificar el estilo de vida personal– ayudan de manera probada y concreta a disminuir notablemente el número de casos relacionados con el cáncer. Para ello es preciso hacer diversos cambios y modificaciones profundas en: el consumo de tabaco, la mala y/o poco balanceada alimentación, el sedentarismo, la reducción de peso, la reducción del consumo de alcohol, la sobreexposición al sol y el control efectivo del estrés. Analicemos cada uno de estos factores:

(1) Limitación del consumo de tabaco. Se considera al hábito de fumar como un hábito nefasto –más de ocho millones de personas mueren cada año a causa del consumo de tabaco– y como aquel factor que es responsable de más del 90% de las muertes por cáncer de pulmón, es decir, el tumor que más frecuentemente se presenta en los varones, y el tercero en importancia para el caso de las mujeres. De acuerdo con los datos que maneja la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer de la OMS, se ha establecido una vinculación causal entre el consumo de tabaco y el desarrollo de cánceres en los siguientes órganos: cavidad oral, laringe, faringe, esófago, vejiga urinaria, páncreas, cavidades y senos nasales, estómago, hígado, riñón, cérvix uterino y leucemia mieloide.

(2) Una alimentación equilibrada. Los estudios indican que las comidas ricas en materias grasas, azúcares y aditivos químicos incrementan el riesgo de contraer cáncer de colon y cáncer de mama, debiendo evitarse, asimismo, la ingesta de alimentos fritos, dando preferencia al consumo de pescado por sobre la ingesta de carnes. Y si se ha de comer carne, entonces dar preferencia a las carnes blancas por sobre las rojas. Por otra parte, las dietas que son bajas en fibras, favorecen el desarrollo de cánceres. Por lo mismo, lo aconsejable es consumir frutas, verduras, cereales y legumbres, alimentos que facilitan el tránsito intestinal, ya que todas ellas son ricas en fibras.

(3) La práctica de un deporte. No existe informe, investigación o estudio serio que no recomiende la práctica de una actividad física de manera regular. Esta práctica no tiene por qué ser de tipo violento o exagerado, y sus beneficios se extienden no sólo al hecho de que disminuye de manera efectiva el riesgo de contraer cáncer en un 30 %, sino que le restituye al sujeto que practica un deporte de manera habitual –además de reforzar su fuerza de voluntad– un sentido poderoso de autoestima, conjuntamente con el hecho de sentirse bien, con energías, con ganas y deseos de enfrentar todo lo que haya que enfrentar. Asimismo, los expertos aseveran que una pauta regular o programa habitual de ejercicios reduce de manera significativa la posibilidad de una recidiva, en aquél caso que se haya tenido un cáncer.

(4) La reducción de peso. La OMS señala que desde el año 1980 la obesidad se ha más que duplicado en el mundo, con cifras que impactan: hoy en día circulan alrededor de 1.500 millones de personas con severo sobrepeso, en tanto que se calcula que hay más de 550 millones de seres humanos con obesidad mórbida, 300 millones de ellos son mujeres, en tanto que 250 millones serían varones. El algunos países la población con sobrepeso puede llegar a representar casi los dos tercios de la población. La obesidad constituye un factor de riesgo relevante de enfermedades no transmisibles, tales como: (a) accidentes cardio y cerebrovasculares, primera causa de muerte a nivel mundial, (b) diabetes, que puede conducir a ceguera y amputaciones, (c) trastornos del aparato locomotor, en especial la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones que puede producir una incapacidad casi total, (d) desarrollo de algunas formas de cáncer, tales como el cáncer del endometrio, colon y mama.

(5) Reducción del consumo de alcohol. Al igual que el tabaco, el consumo de alcohol está ganando cada vez más espacio en la población juvenil, por lo tanto, del mismo modo que en el caso del consumo de tabaco, se requieren políticas de estado que permitan la intensificación de programas educativos desde muy niños, por cuanto, hoy en día, ver chicos de ambos sexos consumiendo alcohol a partir de los 11 o 12 años de edad no resulta ninguna novedad. Tampoco lo es, observar a jóvenes de ambos sexos consumiendo en grupos por “atracón” y en muy corto tiempo, altas cantidades de alcohol. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer y la OMS han logrado identificar al consumo de alcohol como uno de los diez mayores riesgos que contribuyen a la carga de enfermedad en el planeta. El 2016 se estimó que alrededor de 2.000 millones de personas mayores de 15 años consumían regularmente bebidas alcohólicas, en tanto que cada año mueren más de tres millones de personas sólo por consumo excesivo de alcohol.

(6) Evitar una sobreexposición al sol. Las estadísticas indican que una de cuatro personas podría generar un cáncer de piel, por lo tanto, tomar el sol sin protección es un factor de alto riesgo de desarrollar la enfermedad. Una exposición solar intensa en los años juveniles puede implicar, posteriormente, la aparición de un melanoma en la piel. Ya no existe duda alguna que la radiación ultravioleta y la radiación solar son responsables de una serie de graves problemas de salud tales como: el foto-envejecimiento, la foto-sensibilidad, los melanomas y carcinomas. De más está decir que las personas asiduas a los solariums con el fin de obtener un “bronceado perfecto” y el “tono fascinante” pueden llevarse, posteriormente, ingratas sorpresas.

(7) El control de estrés. El estrés se ha convertido hoy en día en el acompañante más desagradable que uno pueda desearse. Las experiencias de estrés y de ansiedad extrema pueden interferir seriamente con el deseo del sujeto de vivir una vida normal y feliz, con consecuencias que pueden ser muy insatisfactorias y desequilibrantes, hasta el grado de correr el riesgo de perder la vida –a través del suicidio, por ejemplo–, o de desarrollar diversas y graves enfermedades, incluyendo un cáncer, a causa de que el sistema inmunológico de la persona está deprimido y muy afectado.

Digamos, finalmente, que toda acción que apunte a la prevención, puede salvar muchas vidas, ahorrándonos gran sufrimiento, dolor y, lo que no es menor, mucho dinero, que en caso de enfermedades catastróficas como el cáncer, siempre se hace poco.

1 Comentario

  1. La enfermedad del cáncer está haciendo estragos a nivel mundial, matando a más de nueve millones de personas cada año, y enfermando a más de 20 millones. Sin embargo, pocas personas parecen darse cuenta de esta dura realidad.
    Un sólo dato: en algunas regiones del mundo, el cáncer está desplazado a la que es considerada la primera causa de muerte a nivel mundial: los accidentes cardiovasculares. Algo, por cierto, muy llamativo y que debería despertar la atención de todos nosotros, sin embargo, eso… no sucede. Al parecer, todos piensan que esa enfermedad la desarrollará «otra» persona, el vecino, el colega, el amigo, pero no uno. Igual cosa sucede con otra terrible enfermedad llamada Alzheimer. Da para pensar…

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