Luis Toro Donoso


«Nuestra cara es nuestra identidad. Sin la cara somos unos descarados. Nos reconocemos y relacionamos a través de las caras. No es posible ser ciudadano sin dar la cara. La ciudadanía debe ser pública o no ser» (Fernando Mires, 2016)

Teniendo en consideración la multiculturalidad en que vivimos y la integración de dichas culturas a nuestra sociedad, debemos considerar que al aceptar también estamos respetando, en cierta manera cedimos e integramos a nuestro colectivo parte de dicha cultura, pero ¿necesariamente tenemos que aceptar todas las culturas? ¿Qué pasa con esa cultura religiosa que se aleja del respeto, empatía y equilibrio entre seres del mismo sexo? Eso es lo que ocurre con la religión musulmana, que lejos de tener un trato equitativo e igualitario, solo reprime a las mujeres, sin dejar que se muestren, quienes deben obedecer ciegamente al hombre, abandonándose a su dependencia total, en este caso la religión deja de ser un refugio y pasa a ser una doctrina.

Generalmente visibilizamos la cultura musulmana como una realidad lejana o la apreciamos en revistas, diarios o teleseries, las cuales muestran una serie de costumbres, tradicionales, ritos, creencias, pero efectivamente ¿entendemos las consecuencias positivas y negativas que reproducen sus cosmovisiones, prácticas, personajes, imágenes? Vivimos en una sociedad machista, de eso no cabe duda, pero cuando la religiosidad o el fanatismo religioso sobrepasa los marcos de respeto y dignidad hacia las personas -en particular hacia las mujeres-, no se puede aceptar el maltrato, abuso o menoscabo como algo normal y natural. Al respecto, las mujeres lamentablemente son desplazadas por los hombres y si bien, el Corán -libro sagrado del islam- establece que ellos y ellas son iguales, ¨los hombres son los protectores y proveedores de las mujeres¨ (4:34). En este contexto, solo se siguen estos principios, sin opción a cuestionar lo anteriormente señalado.

En tal sentido, el poeta sirio Adonis manifiesta que «La mujer siempre ha sido desacreditada o maldecida, cuando no literalmente aplastada. La mujer no figuraba entre los dirigentes. Siempre ha ocupado una segunda categoría. No formaba parte de lo que, en el fondo, constituía una sociedad. Se la consideraba como un objeto decorativo. El islam ha matado a la mujer. La mujer ya no existe, solamente un sexo o una fantasía que se llamar ‘la mujer’. Y ha hecho de ella un instrumento para el deseo o el placer del hombre. Ha utilizado la naturaleza para establecer y asentar desde el principio su dominio y su poder. Lo peor es que los revolucionarios árabes y musulmanes dejan de ser revolucionarios si los confrontamos con la cuestión de la mujer (Arjona, 2016).

Consiguientemente, la religión musulmana al guiarse por el Corán solo atribuye las responsabilidades de lo acontecido a Alá, se hace lo que se indica en dicho texto, por eso es tremendamente doctrinal o dogmático, se siguen las reglas al pie de la letra o de lo contrario las puertas del ¨infierno¨ te esperarán.

Entonces, es fundamental reflexionar respecto de lo que dicen explícita e implícitamente los textos sagrados o bíblicos, los cuales son comprendidos, reproducidos e interpretados por las formas de ser y hacer de las personas. Quienes van suscribiendo sus reglas, normas, miedos y prejuicios en la medida que tengan mayores o menores años de estudios e índices de escolaridad. Es decir, las personas con menores niveles educativos suelen ser más propensas a creer y seguir los dogmas religiosos, confiando plenamente en lo que manifiestan sus líderes espirituales. Estos colectivos generan un sentido de comunidad excluyente -solo se reconocen entre ellos y ellas- por lo que generan sentimientos de aislamiento y desconfianza hacia los otros grupos. Por ejemplo, en la cultura musulmana solo hay cabida para el Corán, cuyas “enseñanzas” reproducen el sistema patriarcal, la primacía del machismo institucional, la importancia de los varones en todo orden de cosas y las consecuencias negativas hacia las mujeres -quienes carecen del estatus o reconocimiento de sujetos de derecho, deliberantes y participativos-.

Para finalizar, creo que es necesario pensar, discutir y compartir opiniones sobre los temas religiosos en las aulas de clases a fin de generar cambios a las futuras generaciones, en base al respeto a la diversidad. Se trata de problematizar estas perspectivas, cosmovisiones o paradigmas culturales, donde la religiosidad juega un papel central en la construcción de saberes respecto de los sentidos de trascendencia “en el mundo de los cielos o en el jardín de Alá”, así como, en los niveles de conciencia acerca de la experiencia vivida en los contextos sociales reales y concretos.


Bibliografía
• Daniel Arjona, 10 razones por las que el islam debe y va a desaparecer (según Adonis), elconfidencial.cl, 01-03-2016.
• El sagrado Corán, comunidad musulmana internacional, 2015.
• Un burka por amor, www.youtube.com/unburkaporamor, 2009.
• www.hispanismo.org/violenciaypoliticamusulmana, 2015.


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