Julio César Beiza Escobar


 

En el transcurso de la vida diaria todas las personas, ya sea cuando van de compras, al trabajo o recorren cualquier espacio público o privado, siempre está presente el riesgo inminente del acoso, ya sea físico o verbal, afectando la moralidad y ética individual en distintos grados dependiendo de cada situación. Pese a su enorme presencia en la actualidad, las medidas adoptadas para tratar de dar solución a las problemáticas del acoso siguen siendo mínimas, hasta el punto de llegar a naturalizar o normalizar estas conductas. Producto de ello, el respeto y la sana convivencia entre las ciudadanas y ciudadanos es una meta a alcanzar en los diferentes espacios del mundo de la vida.

En el presente texto se abordará el acoso callejero, enfocado principalmente hacia las mujeres, determinando las causas y consecuencias de dichas prácticas y cómo la campaña #NoTeDaVergüenza es un interesante punto de partida para que estas acciones sean observadas, cuestionadas, sancionadas y erradicas de la sociedad civil, principalmente por quienes las aplican, viven y padecen voluntaria e involuntariamente.

Como ya muchos saben, en nuestras experiencias y vivencias cotidianas hemos observado situaciones de acoso, algunas evidenciables con facilidad y otras ocultas tras un sistema social que las justifica o legitima como halagos, cortejos o simples bromas, aunque no exista comunicación entre las partes involucradas y solo prime la visión del victimario. Al respecto, el Observatorio contra el Acoso Callejero lo define como “toda práctica con connotación sexual explícita o implícita, que proviene de un desconocido, que posee carácter unidireccional, que ocurre en espacios públicos y tiene el potencial de provocar malestar en el/la acosado/a” (Arancibia et al., 2015, p.12).

Actualmente en Chile y producto de los altos índices de acoso verbal y físico en la sociedad, se ha implementado una nueva ley que sanciona estas conductas con medidas que van desde el pago de multas en unidades tributarias hasta presidio menor de 3 años como máximo, dependiendo de la gravedad del delito. Entre tales situaciones se encuentran los gestos, acercamientos, persecuciones, tocaciones, agarrones, exhibicionismo y cualquier acto en que se grave o fotografíe los genitales de una persona o de cualquier parte intima con fines, carácter o significación sexual.

Según datos estadísticos nacionales, el acoso callejero comienza en promedio a los 14 años, cuando las personas empiezan a asentar sus experiencias identitarias. De un universo total, se reporta que un 75% de la población ha sido acosada alguna vez, de los cuales el 73.31% corresponde a un acoso verbal y el 37.78% a un acoso físico, siendo en la mayoría de los casos adultos de más de 35 años los responsables (Arancibia et al., 2015). Tal como reflejan estos datos, los índices de acoso callejero en el año 2015 fueron bastante elevados, donde 3 de cada 4 personas vivenciaron una situación en la que estaba involucrado un adulto acosador. Esta problemática es bastante preocupante ya sea porque evidencia la influencia y el impacto negativo de un sistema patriarcal que genera y avala tales conductas. O porque estas cifras no han disminuido con el pasar del tiempo y están lejos de desaparecer si el problema se sigue negando e invisibilizando.

Como ha venido ocurriendo en los últimos años, el acoso sexual callejero “(…) es una práctica culturalmente aceptada, tanto por hombres como por mujeres, lo que produce una suerte de naturalización e invisibilización de este tipo de violencia” (Lampert, 2016, p. 3). Ahora bien, si el porcentaje de situaciones de acoso es tan elevado en el espacio público, llama la atención que la mayoría de las personas lo perciba como algo normal, común o sin importancia. Quienes se mantienen al margen -quizás, por miedo, vergüenza, indiferencia e indolencia ante la víctima-; o prefieren mirar para otro lado a fin de evitar encarar, enfrentar o denunciar tales situaciones. Pese a que recientemente fue aprobada e implementada la ley, muchos de los casos no se denuncian o pasan desapercibidos, no se ha generado la suficiente conciencia sobre este tema, ni se le da la importancia que merece en los medios de comunicación.

Tal vez en algunas ocasiones, el acoso callejero no pase más allá de un bocinazo o silbido, no obstante, si este se presenta de manera reiterada deja serias consecuencias en la víctima. Quien debe ser atendida integralmente y escuchada de forma auténtica porque “(…) los efectos del acoso [generan] temor, inseguridad, pérdida de autonomía e independencia [psíquica y emocional], falta de libertad de desplazamiento” (Lampert, 2016, p.1).

Asimismo, las consecuencias del acoso laboral son similares a las anteriormente mencionadas, sin embargo, son más factible de prevenir, atender o enfrentar dado que la víctima conoce al victimario. Quienes se encuentran en un contexto institucional que en la mayoría de los casos adoptará medidas o ejercerá acciones para propiciar buenos climas de trabajo, ambientes bien tratantes o normas de sana convivencia entre sus directivos/as, trabajadores/as, administrativos/as, etc.

En tal sentido, la campaña de Publimetro #NoTeDaVergüenza asume un rol protagónico en la visibilización de actitudes ciudadanas frente al acoso callejero, pues nos hace replantearnos si es correcto que dichas conductas se den en los espacios públicos y si es éticamente adecuado no hacer nada al respecto. Como también, nos hace pensar ¿acaso no nos avergüenza ser cómplices pasivos de conductas inadecuadas y abusivas que ejercen un dominio casi animal en otra persona? Esta campaña nos hace reflexionar sobre ¿cuáles son los sentidos culturales que permiten ver el acoso como una situación normal? ¿por qué permitimos que una persona sea acosada delante de nuestras narices? ¿por qué nos paralizamos ante hechos deleznables o despreciables?

Además, la campaña está enfocada principalmente al público masculino, pues ellos representan el mayor porcentaje de acoso en los espacios públicos. Por ello, las imágenes muestran las conductas que adoptan los varones ante tales situaciones, donde claramente se observa a las personas involucradas directa o indirectamente en un acoso callejero, ya sea como observador/a, acosador y acosada. Quienes evidencian ciertos comportamientos permisivos o conductas cómplices ante situaciones que evidentemente vulneran sus derechos fundamentales y deberes ciudadanos. Por tanto, es fundamental “hacerse cargo” de las causas y consecuencias generadas por el acoso callejero en cada uno/a de sus involucrados/as.

En primer lugar, está el/la observador/a Quien es externo a la víctima y al acosador, mantiene actitudes pasivas, no intervine y deja que suceda el acoso callejero. Estos comportamientos o conductas se deben al sistema patriarcal, machista, competitivo e individualista de nuestra sociedad chilena actual, donde a nadie le “conviene involucrarse” afectiva y emocionalmente con una persona desvalida. Por lo que es muy probable que la mayoría se dedique a observar soslayada e impávidamente y solo una minoría actúe en defensa de la víctima en contadas ocasiones.

En segundo lugar, está el acosador. Quien es externo a la víctima, mantiene actitudes activas e interviene directamente en el acoso verbal o físico, cuyos comportamientos o conductas pueden darse en forma de silbidos, piropos, tocaciones, manoseos u otros. Esta persona busca ejercer dominio y propiedad sobre la víctima, se siente empoderada, busca el placer y la satisfacción propia, no le conmueven ni interesan los sentimientos o emociones que puedan generar sus actos. Tales formas de dominio se explican a través del sistema patriarcal que releva la importancia cultural e histórica de los varones en los espacios públicos (Arancibia et al., 2015).

Por último, está la víctima. Quien es externo al acosador, mantiene actitudes pasivas y sumisas, no lo confronta pese a sentirse molesta e incómoda. Estos comportamientos o conductas de sometimiento y resignación también se explican desde el sistema patriarcal imperante, cuyos patrones culturales e históricos atribuyen roles secundarios y funciones específicas a las mujeres, relegándolas a los espacios privados (Arancibia et al., 2015).

Como se pudo apreciar, la ideología del patriarcado influye en las conductas, acciones y reacciones del observador/a, víctima y acosador, por lo que no basta con establecer nuevas leyes para sancionar estos delitos, sino que es necesario crear espacios de reflexión respecto de cómo las personas reproducen consciente e inconscientemente el machismo, la competencia e individualismo en su vida cotidiana. Por ello es tan importante esta campaña dado que busca transformar las mentalidades tradicionales, ya sea creando conciencia entre varones y mujeres de lo que significa la convivencia ciudadana y potenciando los cambios sociales en el corto, mediano y largo plazo.

A la par, la campaña #NoTeDaVergüenza busca sensibilizar a los grupos y sectores de la sociedad respecto del acoso callejero, generando actitudes cuestionadoras sobre las maneras en que actuamos en los espacios públicos. Preguntarnos internamente ¿abre hecho aquello alguna vez? ¿siendo testigo de acaso hice algo para frenar la situación? ¿qué acciones debo mejorar? Lo que implica tomar conciencia sobre las causas y consecuencias de estas conductas o comportamientos a fin de humanizar nuestras relaciones comunitarias e interpersonales. Entonces, los propósitos de esta campaña refieren a complementar los marcos legales vigentes, disminuir los altos índices de acoso callejero y sancionar social e individualmente toda situación de vulneración de derechos fundamentales.

Por consiguiente, recomiendo compartir la campaña #NoTeDaVergüenza en nuestras redes sociales, así como, otras compañas que denuncien las nefastas consecuencias del sistema patriarcal, cuyos contenidos puedan ser vistos y analizados por niños, niñas, jóvenes y adultos/as en instancias de dialogo y reflexión. Quienes podrían evidenciar que las situaciones de acoso callejero son más frecuentes de lo que creen o podrían compartir sus experiencias cuando presenciaron directa e indirectamente tales actos -sin darle demasiada importancia en ese momento-. Esta reflexión conjunta permitiría visualizar, comparar y replantear los pensamientos, conductas o comportamientos sociales e individuales a través del autoconocimiento e introspección. Procesos fundamentales a la hora de transformar las tradiciones culturales, los espacios sociales, las instituciones educativas o familiares, los ambientes laborales, entre otros.

Bibliografía
1. Arancibia, J. Billi, M. Bustamante, C. Guerrero, M.J. Meniconi, L. Molina, M. Saavedra, P. (2015). Acoso sexual callejero: contexto y dimensiones. Observatorio contra el acoso callejero Recuperado de https://www.ocac.cl/wp-content/uploads/2016/09/Acoso-Sexual-Callejero-Contexto-y-dimensiones-2015.pdf
2. Lampert, M. P. (2016). Acoso Callejero. Biblioteca del congreso nacional Recuperado de https://www.bcn.cl/obtienearchivo?id=repositorio/10221/23607/1/BCN%20Acoso%20Callejero_final.pdf


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