NELSON MONDACA I.


Los seres humanos en cada instante de nuestras vidas estamos tomando decisiones. A veces, son acertadísimas, muy dignas de ponerlas en un recuadro de marcos de diamantes, tal como si fueran las mejores gemas de imperecedero valor en la pared de nuestro hogar.

El merecimiento es mayor cuando se está o estuvo bajo presión. Pero no siempre es así. Otras tantas, son polémicas, erráticas y desventuradas. Tienen una carga negativa y sus efectos despedazan el alma. La importancia de cada una de ellas va de acuerdo a los objetivos y subjetividades de la persona.

En efecto, nuestras determinaciones tienen matices muy diferentes. Nos pueden producir felicidad y tranquilidad. Mientras otras, lógicamente nos darán tribulaciones que no pasarán inadvertidas. A lo largo de toda nuestra existencia, desde que tenemos uso de razón y hacemos uso de nuestro libre albedrío, sin ser peyorativo, los logros y fracasos, realizaciones y frustraciones, son las consecuencias de nuestras insoslayables decisiones, así será hasta el día de nuestra muerte.

También, en los diversos sectores y relaciones interpersonales, en nuestros trabajos según nuestras ideas y conocimientos, forman parte de este proceso de responsabilidades, propias de nuestra sociedad. El destino lo vamos forjando día y noche, no importan los pergaminos que uno tenga, lo trascendental está en lo que pensamos, sentimos y hacemos. Hay quienes en esta línea de argumentos se auto evalúan como seres superiores, cuando en realidad son parte de un sistema. Unos pueden ser cultos, pero poco sabios.
Bajando las escaleras, he tomado la decisión, por ejemplo, un profesor valientemente hizo la siguiente pregunta: ¿Quién dijo que era fácil ser padre? Entonces, un coro de voces responde. Si trabajamos y nos trasladamos al campo de nuestras funciones, vemos que existen tantas preguntas recorriendo la filosofía de la complejidad de las ciencias humanas. Las definiciones y las respuestas conforman la energía de una variedad de toma de decisiones en cada uno de nuestros movimientos.

Para que hablar del ámbito de las instituciones más emblemáticas de nuestra nación. Los cambios culturales y tecnológicos son factores que condicionan la vida. En este mismo sentido, los negocios y la política debilitan la democracia. Los nuevos roles de la izquierda, de la derecha y de un centro emergente, reciben un amplio rechazo ciudadano. Los imperialismos contemporáneos y la permanencia de disfrazar la realidad van configurando el gran malestar popular; las corrupciones, la decadencia de valores y otras lacras, son materias que ponen en marcha contraria peligrosamente la sana convivencia, la paz y la justicia social.

Otro punto internacional. En este caminar lo vemos recientemente en el informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos, Michelle Bachelet, sobre su viaje a Venezuela. Los partidarios del régimen de Nicolás Maduro, salieron a defender el proceso de violaciones humanas del cuestionado gobierno. Las descalificaciones estuvieron a la orden del día. Arremetieron con ataques personales, políticos y de odio de género. De este modo, los principales intelectuales y políticos de la revolución de Maduro, naufragando literalmente en sus agresiones pasionales, se dieron a la tarea de etiquetarla lamentablemente como una persona que “carece de credibilidad…” “una persona sin opinión que funciona a favor de quien le paga…”, etcétera.

Cuando en política se abraza la verdad, no existe estrategia y táctica que valga, según lo creo, se ha tomado una de las decisiones que marcarán los valores morales y éticos de la persona en el servicio público. Ni los diferentes cargos, por alto que sean, no cambiaran la forma de enfrentar sus actividades y responsabilidades. El imperativo ciudadano se impone sobre el interés del egoísmo y la avaricia del ser humano. Son decisiones, de las cientos y miles que, importan en la construcción de quienes somos en el presente y seremos en el futuro. No somos perfectos y la falta de autocrítica aumenta proporcionalmente el camino de los errores. Por consiguiente, las decisiones, son de un modo u otro, nuestro semáforo. Para evitar accidentes de cualquier índole, es mejor tomar decisiones correctas.

Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com