Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


Alrededor de 50 mil hogares de la ciudad de Osorno se vieron afectados por el corte total del suministro de agua por más de ocho días, generando una emergencia sanitaria de proporciones jamás antes vista.

Nunca antes en la historia de nuestro país, una ciudad entera no dispuso de agua durante un tiempo tan prolongado, que no fuera por causa de un terremoto, un maremoto, una erupción volcánica, una inundación o por alguna otra catástrofe propia de la naturaleza.

Por el contrario. El hecho de estar sin el más vital de los elementos –como es el caso del servicio de agua potable, que, a todo esto, es un derecho– se debió directamente al actuar negligente e irresponsable de los directivos de la empresa Essal, quienes, además, en un acto poco digno –incluso cobarde- por parte de sus “líderes”, intentaron culpar de la catástrofe a uno solo de sus trabajadores, “olvidándose” de manera oportunista –y muy conveniente, por cierto– de una regla y mandamiento básico del verdadero liderazgo, que obliga al Jefe superior a “Hacerse responsable de sus propios errores y de los errores que cometan sus subordinados”. En lugar de esto, su Gerente General y su Gerente de Operaciones optaron por lavarse las manos a lo Poncio Pilatos y cortar el hilo por lo más delgado.

El actuar de Essal representa un claro ejemplo del nulo interés que esta empresa –en manos de capitales españoles– le dio a un valor ético propio de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), a saber: el cuidado, respeto y atención que se le debe al cliente, quien, además de pagar religiosamente cada mes por un servicio que estuvo muy lejos de cumplir –en oportunidad y calidad– con las expectativas y los estándares fijados por ley, no tiene posibilidad alguna de cambiarse de prestador del servicio, por tener Essal un monopolio total, con clientes cautivos.

Lo peor de todo, es que esta empresa incumplió todos y cada uno de los supuestos “principios éticos” que declara públicamente –y vox populi– en su página Web, consignados en su Código Ético. Revisemos algunos de ellos:

1. Essal afirma en dicho Código que busca “la satisfacción de todas las personas”, y para cumplir con ello, busca “la mejora constante de la calidad del agua, especialmente en materia de salud y seguridad”, cosa que incumplió totalmente, al distribuir a la población agua contaminada con petróleo, ocultado inicialmente –de manera dolosa y cuasi criminal– este hecho a sus clientes y a las autoridades responsables.

2. Essal afirma que tiene “Una cultura de compromiso a favor de los Derechos Humanos, de respeto de la dignidad humana” y de la “preservación del medio ambiente”, lo cual, además de ser una afirmación hipócrita y cínica, resultó ser totalmente falsa, dejando a 180 mil personas sin una gota de agua potable durante más de ocho días, así como la contaminación de un río.

3. Essal enuncia en su Código una serie de principios éticos –que cito en forma textual–, tales como: “Actuar de acuerdo a las leyes”, tener “Una cultura de integridad”, “Dar muestras de lealtad y honradez”, “Respetar un diálogo basado en información precisa y sincera”. Ninguno, reitero, ninguno de estos principios éticos fueron respetados. No sólo mintieron, ocultaron información, sino que también engañaron, una y otra vez, a toda la población de una ciudad como Osorno, así como también a las autoridades, por igual.

4. Essal, como empresa, estuvo muy lejos de ser “íntegra”, “leal”, “honrada”, “sincera” y veraz como quiere “mostrarse” ante la ciudadanía. Por el contrario. Esta empresa muestra un verdadero y largo “prontuario” de irregularidades, fallas múltiples, vertido de coliformes fecales en las aguas, problemas graves de distribución, contaminación de ríos y lagos, mentiras y omisiones a las autoridades y a la población, etc., con un total de 85 sumarios sanitarios por las negligencias que han sido cometidas en los últimos años en las Regiones de Los Lagos y de Los Ríos, delitos que dejarían en vergüenza a varios delincuentes que hoy se encuentran en la cárcel pagando por sus actos criminales.

Dejando a un lado el hecho que un “blandengue” Gobierno de Chile decida caducarle alguna vez la concesión a Essal, el gerente General de Essal, Gustavo Gómez, así como el presidente de Aguas Andinas y dueña de Essal, Guillermo Pickering, deberían presentar sus respectivas renuncias a sus cargos, junto con las excusas a todo un país, que vio perplejo y atónito el desastre social, sanitario, ambiental y económico que causó esta empresa a toda una ciudad.

La ciudadanía debería saber, que Guillermo Pickering, a quien, Gladys Marín una vez tildó de CTM, fue uno de los promotores de la venta de las concesiones de agua a empresas extranjeras, cuando era subsecretario del Interior de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y subsecretario de Obras Públicas de Ricardo Lagos, para luego, con el tiempo, convertirse, nada menos, que en el “flamante” –y podrido– presidente de Aguas Andinas, actual accionista mayoritario de Essal.

Digamos, finalmente, que el famoso “Código de Ética” publicado en la página Web de Essal, ha sido pisoteado, una y otra vez, por sus propios directivos y se ha convertido en mero “papel mojado” que no sirve para nada. Mejor sería que lo eliminaran de su página Web.

2 Comentarios

  1. Muchas gracias a la ciudad de Iquique y al diario electrónico ELSOLDEIQUIQUE por compartir esta publicación con sus miles de lectores y solidarizar con la ciudad de Osorno y sus 180.000 habitantes que han sufrido un verdadero calvario.
    Mucho se agradece, asimismo, a don Pepe Cancino, director de ELSOLDEIQUIQUE por el apoyo brindado.

  2. La ciudad de Iquique y otras más deberán prestar la máxima atención a lo que suceda con su propio suministro de agua potable, por cuanto el gran desastre social, ambiental y económico que provocó la empresa sanitaria ESSAL en Osorno, probablemente no será el único desastre que provocarán este tipo de empresas en manos españolas, por cuanto, el único objetivo que éstas tienen, apunta a ganar el máximo dinero posible sin que importe mucho el cómo ni quién salga perjudicado. Aquí sólo manda la codicia y la avaricia.

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