ANA MARIA TIEMANN D.


Hace dos samanas, el Presidente Sebastián Piñera sorprendió con un anuncio: la firma de un decreto para darles atribuciones a las Fuerzas Armadas para combatir el narcotráfico y crimen organizado en las fronteras del país.

“Como Presidente de Chile no solamente tengo el derecho, tengo el deber y la obligación de combatir al narcotráfico y al crimen organizado con toda la fuerza y todo el rigor de la ley”, partió diciendo el Mandatario, señalando que “para aumentar la fuerza y la eficacia en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, vamos a firmar hoy un decreto que permite y facilita la colaboración de nuestras Fuerzas Armadas en conjunto con nuestras policías en el control de nuestras fronteras, generando las Fuerzas Armadas un apoyo a través de todos los medios con que ellos cuentan”.   También el Presidente Piñera argumentó que las FF.AA. son polivalentes y están preparadas no solo para defender la soberanía en tiempos de guerra, sino que también en tiempos de paz.

Claramente señaló que el decreto establece límites; “limita las actividades de las Fuerzas Armadas a lo que se relaciona con el narcotráfico y el crimen organizado en nuestras fronteras y, además, establece que la colaboración de las F.F.A.A. se dará básicamente en lo que se refiere a tareas de vigilancia, de apoyo logístico, de transporte y de tecnología para que, en conjunto con Carabineros y PDI, puedan ejercer un mejor control y dar más seguridad a nuestras fronteras”, sin perjuicio de que ambas instituciones sigan realizando su despliegue territorial de carácter policial que establecen sus leyes orgánicas y la prestación de colaboración con los tribunales en sus distintas unidades en las zonas fronterizas, además de su trabajo conjunto en la Macro Zona Norte, Plan Frontera Segura u otro coordinado por el Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

La decisión del Primer Mandatario está basada en cuatro puntos para “evitar que las drogas y el narcotráfico sigan llegando y envenenando a nuestras escuelas, hogares y barrios, y para evitar el inmenso daño que las drogas y el narcotráfico causan a nuestros niños, jóvenes, familias y sociedad”.

Primero: “El consumo de Drogas, especialmente en niños y adolescentes, ha venido creciendo en Chile y se produce a cada vez a más temprana edad. De hecho, los niños y jóvenes chilenos lideran el ranking de América Latina en consumo de marihuana, cocaína y pasta base. Por eso implementamos el Plan Elige Vivir sin Drogas”.

Segundo: “La producción de cocaína y otras drogas en países como Perú y Bolivia, con los cuales compartimos extensas fronteras, y en Colombia, ha alcanzado niveles record, y una parte significativa de esas drogas usan a Chile como país de tránsito o de consumo final”.

Tercero: “La incautación de drogas en Chile como marihuana, cocaína y pasta base, por parte de nuestras policías siguen siendo sustanciales y exigen una mejor protección de nuestras fronteras”.

Cuarto: “Nuestra frontera norte, tanto marítima como terrestre, por su extensión, pasos no habilitados y características geográficas es muy vulnerable al narcotráfico y crimen organizado y requiere una vigilancia y protección más severa y eficaz. A esto se suma el tráfico por nuestras fronteras de contrabando de cigarrillos y de autos robados”.

El anunció no estuvo carente de críticas, pero que duda cabe que las cuatro razones dadas por el Presidente no persiguen otros objetivos que proteger a nuestros niños y jóvenes frente al letal y perverso efecto de las drogas, además de dar una  lucha frontal y sin contemplaciones contra el narcotráfico y el crimen organizado.