Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


“La depresión es una prisión en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero” (Dra. Dorothy Rowe, psicóloga y escritora de origen australiano).

 

Sepa usted, que de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud correspondiente a los años 2016-2017, el 6,2% de los chilenos fue diagnosticado con diversos cuadros de depresión, donde se consideran múltiples trastornos del estado de ánimo, tales como el trastorno depresivo mayor, distímico, bipolar I y II, ciclotímico, trastorno del estado de ánimo debido a una enfermedad médica, etc.

Lo más terrible de esta problemática, es que el 1,7% de los jóvenes afirma que “siempre o casi siempre” ha sentido el deseo de terminar con su vida, lo cual, resulta ser algo terrible y dramático, al mismo tiempo.

La depresión, es una alteración severa del estado de ánimo que puede afectar a personas de todas las edades, sexo y niveles socio-económicos –niños, adolescentes, adultos y adultos mayores–, siendo una enfermedad que, en la gran mayoría de los casos, se presenta por fases, alternándose períodos de estado de ánimo normal con episodios depresivos.

Sin embargo, una persona puede, asimismo, experimentar el llamado “trastorno depresivo persistente”, que puede prolongarse por más de dos años, generando una calidad y condición de vida claramente invalidante.

Por otra parte, la depresión mayor, se caracteriza porque el paciente experimenta uno o más episodios depresivos mayores con una duración de al menos dos semanas de estado de ánimo depresivo y/o pérdida del interés por cosas y personas que antes eran muy importantes para este sujeto, acompañado, de al menos otros cuatro síntomas de depresión, tales como tristeza, frustración, ira, ansiedad, llanto, irritabilidad, melancolía, etc., que pueden combinarse con sentimientos de pérdida, infelicidad, así como también, con la irrupción en la mente de la persona afectada de pensamientos suicidas e intentos de suicidio.

De acuerdo con la OMS, Chile, con un 6,2% de chilenos con depresión, presenta una de las tasas más altas en el mundo, por cuanto, la prevalencia de este trastorno en la población a nivel mundial sólo alcanza un 4,4% versus el 6,2% de nuestro país.

Bajo esta mirada, la depresión en Chile, de acuerdo con la psicóloga Mariane Krause, especialista en depresión, esta enfermedad no sería solamente un problema de carácter individual, sino que también uno de tipo social, cultural y económico.

Esta dura realidad debería obligar a los gobiernos de turno a enfrentar la depresión con políticas de Estado, las cuales, además de garantizar el tratamiento con programas modernos, efectivos y adecuados, también deben estar orientados a mejorar la calidad de vida de las personas, con la finalidad de favorecer su salud mental.

Es así, por ejemplo, que conjuntamente con la inequidad de ingresos, también existe en nuestro país una inequidad de género muy marcado, el cual se refleja de manera clara en los porcentajes de hombres y mujeres afectados por la depresión, ya que mientras un 2,1% de los varones presentan este trastorno, en el caso de las mujeres este porcentaje se dispara al 10,1%, porcentaje, por otra parte, que se ubica muy por sobre el índice mundial femenino, donde las mujeres sólo marcan el 5,1%.

Ahora bien, a la  gran problemática que representa la depresión, se suma, hoy en día, un elevado consumo de tranquilizantes en la población, donde se está produciendo un efecto colateral muy llamativo y, al mismo tiempo, altamente preocupante, a saber, que se ha disparado el uso habitual de tranquilizantes sin prescripción médica –como las benzodiacepinas y otros ansiolíticos– entre los jóvenes de octavo a cuarto medio.

Si se le presta atención al informe sobre el Consumo de Drogas en las Américas publicado por la Organización de Estados Americanos (OEA) en el año 2019, Chile presenta el consumo de tranquilizantes más alto de todo el continente, por cuanto, mientras en el resto de los países el consumo llega a menos del 7%, en el caso de los escolares chilenos de octavo básico, el consumo llegaría al 14%.

En Chile existe gran facilidad de acceso a estos tranquilizantes, ya sea que se obtengan legalmente –a través de recetas médicas–, o bien, en el mercado negro, con el agravante que los escolares obtienen estos psicotrópicos –que tienen efectos sedantes, hipnóticos y ansiolíticos–, a escondidas de sus propios padres, y que terminan siendo usados por niños y jóvenes con dos fines específicos: para enfrentar un estrés y ansiedad de tipo crónico, o bien, como un medio recreacional, al igual que se usan otras drogas, tales como: la marihuana, cocaína, pasta base, anfetaminas, tabaco y alcohol.

Recordemos, que en relación con el consumo de alcohol –en su veta recreacional y estimulante–, una de las últimas encuestas aplicadas a escolares chilenos revelan cifras que son preocupantes: el 36% de las niñas y el 32% de los varones de enseñanza media reconocen haber consumido alcohol, al menos, una vez en el último mes, lo cual, sitúa a las estudiantes chilenas por sobre el consumo de sus pares de Estados Unidos, México y Perú, siendo superadas sólo por las estudiantes argentinas, colombianas y uruguayas.

Algo similar sucede con el consumo de marihuana, ya que, en relación con la población general, los chilenos lideran el ranking  con un 14,5%, por sobre países como Estados Unidos y Canadá, que muestran índices cercanos al 14%, en tanto que a nivel escolar, Chile se ubica en el primer lugar con una tasa de consumo de marihuana del 30%, por encima de los escolares de Antigua y Barbuda con un 25% y de Estados Unidos con un 22%. No está de más decir, que otro estudio muy reciente, situó a los escolares chilenos a la cabeza del ranking a nivel continental con un 34% de consumo de marihuana.

Estos altos índices de consumo de drogas y sustancias ilícitas, tampoco mejoran, cuando se observa y analiza lo que sucede con el consumo de cocaína, ya que el informe de la OEA señala a los escolares chilenos como los únicos con una prevalencia de consumo de cocaína mayor al 4%, seguido por los escolares de Colombia, quienes, no alcanzan el 3%.

Las autoridades responsables, los padres, como así también la población general, deberán tener muy en cuenta, que el consumo de estas sustancias representa un serio factor de riesgo vinculado a enfermedades graves que aparecen con el transcurso de los años: severas adicciones (al alcohol, tabaco, cocaína, ansiolíticos), desarrollo de diversas formas de cáncer (garganta, lengua, esófago, estómago, etc.), cardiopatías,  accidentes cerebro-vasculares, enfermedades respiratorias, estados depresivos, suicidios, etc.

De más está decir, que la urgente necesidad que tienen las personas de satisfacer sus adicciones, lleva a muchas de ellas –niños, adolescentes y adultos– a cometer diversos tipos de delitos –hurtos, robos, asaltos–,  asesinato incluido.

No puedo finalizar este análisis, sin dejar de señalar, que si esta dura realidad no es considerada por las autoridades de gobierno responsables como un peligroso y gravísimo problema de salud pública juvenil para el Chile del futuro, no me puedo imaginar qué otra problemática podría serlo.