Las papitas fritas, tal como las conocemos hoy en el siglo 21, se originaron entre Bélgica y Francia, según la historia escrita por los ganadores (la última es una frase cliché del zurderío). Los franceses se adjudican la invención del plato; se dice que a fines del siglo XVIII sobre el Pont Neuf de París se instalaban los vendedores de estas delicias, que preparaban a la vista de sus clientes dentro de braseros y sartenes, coda que poco ha cambiado.

Los belgas la cocinan en dos etapas: en aceite y con grasa; los franceses sólo en aceite. Pero, estamos en Chile y en Iquique.

Hay algo que no está claro porque cada 20 de agosto se celebra el Día Mundial de las Papas Fritas, pero eso es lo de menos.

Acá varias recomendaciones que entregan los expertos en papas fritas, que reproducimos con mucho gusto.

• Luego de pelarlas y cortarlas, dejarlas en remojo en agua fría para que suelten almidón. Esto hará que al freírlas salgan más crocantes.
• Dejar que se escurran en un repasador o colador metálico.
• Para cocinarlas, el aceite tiene que ser abundante y la temperatura bien caliente. Una vez en el aceite no se revuelven pero si se mueven un poquito para evitar que se peguen.
• Una vez fritas, ponerlas en un recipiente amplio, y con toalla Nova para que no se junten y queden blandas.
• No salarlas calientes porque la sal hace que liberen líquidos y pierdan crocantes.
Y ahora a disfrutar las papitas fritas, con moderación…