Llegó al poblado de La Tirana hace 25 años, con el deseo de vivir más cerca de la festividad religiosa que se celebra cada 16 de julio. Su familia se trasladó cuando ella era niña desde Coquimbo a Pozo Almonte.  Carla Patricia Mac-Pherson González, hoy es técnico en enfermería de nivel superior y trabaja en el consultorio de La Tirana.


El calor de la Pampa del Tamarugal se impone a una leve brisa que recorre el poblado de La Tirana. En los primeros días de julio, a lo lejos se escucha el martilleo de los maestros que preparan las casas de los peregrinos y grupos de bailes. El 16 de julio está cerca.

En el consultorio casi vacío en horas de la tarde está Carla, entre atender público conversa con sus colegas sobre algunos vecinos que vienen  pedir ayuda médica. Termina su jornada y nos recibe en una oficina donde relata con pasión su deseo de vivir en La Tirana.

“Cuando fui profesional decidí venir a vivir acá (La Tirana). Mi mamá y mi papá siempre me inculcaron que el norte era hermoso, las fiestas religiosas, la Virgen, Jesús nazareno. A mí, me gustaban las fiestas y yo quería estar más cerca de donde se vivía el fervor”.

-Y esa conexión con La Tirana la tuviste desde niña ¿hay un momento que caes un clic, que dices esto realmente me motiva?

-Yo veía como los bailes religiosos llegaban y se preparaban en junio. Todo eso me llamaba inquietud, y yo quería estar en un baile religioso. No sabía cómo entrar. Entonces una amistad que tengo en Iquique me dijo ‘yo bailo en una diablada y si quieres yo integro a tu hija’. Mi hija Diana,  tenía en ese entonces  8 años y me hicieron el contacto en Iquique. Ella ingresó a los “Siervos de María”, donde yo comencé a vivir todo lo que implica ser parte de un baile religioso. Pero al tercer año ingrese como bailarina.

-¿De tu familia eres la única que ahora  baila?

-En los Siervos de María solamente yo. Era adulta cuando ingresé a la diablada, conversé con las personas más antiguas de los bailes, donde me contaban lo que era la fe, la constancia, la devoción, la humildad, que poco se ve en los bailes. Uno observa mucha maravilla en los bailes, colores, pero en el fondo un baile religioso debe ser esas cosas que nombre anteriormente. Todo esto me motivo un sentimiento que yo necesitaba crear una diablada.

-¿Cómo surgió esta agrupación?

-Conversé con mi familia y la misma gente que vive en La Tirana los 365 días del año. Ellos trabajan en julio y viven con esos ingresos. Entonces, no tienen fiesta de La Tirana. Le dije a mi esposo, ‘Sergio, tengo un proyecto en la mente yo no sé si me puedes ayudar, quiero hacer una diablada acá en el pueblo, con gente del poblado, donde ellos puedan sentir la devoción’.

-¿Tu esposo es de acá?

-Él es de Santiago, pero ya no se va. Vamos a cumplir 25 años de matrimonio, nuestros hijos todos son iquiqueños, no nos vamos a ir. Y él me dijo ‘ya po, vamos, démosle’. Yo le explique las circunstancias de cómo lo quería hacer. Y hablamos con los hijos grandes, nos dijeron ‘no hay ningún problema’. Empezamos a juntar gente del mismo  pueblo, en el año 2017. Pensamos que  no iba a haber convocatoria y llegaron 20 personas y con ellos hicimos la diablada.

-¿Nunca hubo bailes fundados en el poblado?

-Nunca se había dado. Ya estamos bailando hace dos años y empezamos con actividades, rifas, bingos. Gracias a Dios y a la misma Virgen, me regalaron la imagen y el estandarte. He tenido muchas bendiciones, las cosas se dan como maravilla. Nuestro traje principal es de aguayo, con colores de la Virgen, café, crema y blanco.

-¿Están federados?

-No federados, ellos tiene un reglamento que no aceptan aguayos, pero como nosotros no necesitamos bailar  en julio, solo bailamos en septiembre, en la Oración por Chile y algunas festividades por acá cerca.

-¿Las actividades han sido como un relámpago?

– Ha sido todo muy rápido…

¿Y cuáles son tus sueños, tanto para el baile, como para ti como mujer?

-Mi sueño para el baile, es que perdure en el tiempo, que después se hagan cargo mis hijos mayores y después mis nietos.

-¿Crees que la fiesta se vive con la familia?

-Yo estoy convencida que la fiesta es de la familia. Tú sabes que tus hijos van a llegar en julio a verte. Es una fiesta familiar.

-¿Y cuáles son tus sueños como mujer?

-Bueno, seguir trabajando en La Tirana, trabajando por la gente, sí esa es mi vocación.

-Aparte de tu vocación, sales del baile y llegas a tu casa ¿Qué te gusta?

-Me gusta ir a reuniones de adultos mayores o un centro de madres. Me gusta escuchar a la gente, sus vivencia. Me río con ellos.

-¿Y acá en la posta?

-Mi trabajo en la Posta ha ido de menos a más. Cuando yo llegue el año noventa y tanto. Yo era todo, hacía de doctor, kinesióloga, de todo. A Medida que van pasando los años se han unido nuevos profesiones. La Tirana ha ido creciendo, en esos años venia la ronda una vez al mes  con un médico. De casi 800 personas que vivíamos acá, hoy creo que hay  casi cuatro mil.

-¿Y cuántos atienden en una época sin festividad?

-Como promedio en el año atendemos mil quinientas personas, que en julio aumenta, pero se habilita el colegio como posta con el apoyo de más profesionales y técnico.

-¿Qué reflexión harías como mujer del norte?

–   Valorar más a   la mujer, siempre colocamos el hombro, trabajamos vemos hijos y tenemos muchas actividades.