Paula Luisa Ojeda es la responsable de los platos que degustan los clientes de La Bodega, una picada ubicada en el sector de Bolívar con Vivar. Desde hace 19 años este negocio familiar va de menos a más, según relata Paula y de paso habla de sus logros como negocio: “El 2016 ganamos el premio a la mejor empanada y hasta ahora estamos en los primeros puestos”.

-¿Cómo nace La Bodega?

-La Bodega, es un emprendimiento tiene 19 años. Y lo trabajamos como familia.

-¿Qué tipo de comida o platos son la especialidad del local?

-Me dedico a la comida chilena. Mi padre vio ese nicho, al quedar jubilado de Emporchi. Él tomó cursos yo lo vi desde niña y me gustó.

-¿Te costó comenzar?

-Al principio no tenía mucha paciencia. Cuando era chica quería que se haga todo rápido, pero después uno se va formando el hábito, porque hay procesos que cumplir  en la cocina como el leudado (colocar levadura) del pan.

-¿Cuando ya te hiciste cargo?

-Yo quede a cargo totalmente de la “La Bodega” desde el 2015, apoyada por mi familia. Y al año siguiente, el 2016 ganamos el premio a la mejor empanada. Hasta ahora estamos en los primeros puestos. Me hace sentir orgullosa que en estos años no hemos perdido la calidad.

-¿Cuesta mantenerse en la preferencias de los clientes?

-Quiero seguir haciendo lo que hemos hecho por años respetando al cliente, siempre tener comida fresca y con mucho cariño. Yo cocino pensando que es para mi familia.

-¿Es un desafío?

-Al principio costó mucho enganchar con la gente, recuerdo que ese era un desafío. El año 2015 fallece mi padre, justo el año que me hago cargo. Con mi hermana siempre tratamos de hacer cosas nuevas pero manteniendo la calidad que nos imponemos.

-Es un negocio familiar, pero ¿cómo van renovando el menú?

-Mi madre es de la zona central, de ella también tomamos varias recetas que tenemos en nuestro restaurante.

-¿Y cuál es el toque de La Bodega?

-Mi toque, es  que a mí no me da miedo sazonar la comida. Siempre al chileno le da miedo que le caiga mal pero cuando se prepara bien. Podemos degustar de nuestra comida tradicional sin culpa.