¿Te crees un maestro del sexo? ¿Piensas que todas las mujeres se rinden ante tus técnicas cuando estas en la cama manteniendo relaciones sexuales? No te decimos que sea imposible, pero deja de ser un fantasma y empieza a poner un poco de atención a lo que ellas realmente quieren.

¿Qué característica principal prefieren las chicas que tienen mucho dinero cuando eligen a un hombre? ¿Se fijan antes en los ojos y en el cuerpo o en el trabajo y el estatus?

De hecho, un 40% reconoce que lo hace para hacerte sentir bien a su cónyuge. ¿Qué es lo que haces mal? El Confidencial se ha puesto en contacto con varias féminas y les ha preguntado qué cosas son las que más odian en el sexo. Lee y quizá la próxima vez no cometas el mismo error de siempre. Hacer que la otra persona disfrute es la clave para que la relación vaya viento en popa.

Con prisas y a lo loco
Muchos hombres se obsesionan con la penetración y no se centran en lo que realmente a ellas les excita: los preliminares (luego se preguntarán por qué no les han vuelto a llamar…). «Los tipos que solo se preocupan de disfrutar ellos mismos y se la pela si te corres o no. Tienen prisa, quieren llegar, meter y acabar. Y encima te preguntan si te ha gustado. Cariño, en tres minutos ni me he calentado un poco», asegura Mireya, de 33 años.
«Que te agarren la cabeza mientras la chupas, consideren que tu clítoris es un timbre, no callen mientras estás al tema y/o hablen demasiado o intenten dominar la situación todo el rato y/o sean demasiado pasivos son algunas de las cosas más comunes que me suelen ocurrir en la cama. La mayoría van con mucha prisa y se creen que es todo una película porno. ¡Cuándo daño ha hecho el cine x!», afirma Sonia, de 30 años.

Las féminas tienen un clímax más emocional: si su cabeza no está en sintonía con el cuerpo, lo más probable es que acabe por fingir para que pares de una vez. Si realmente quieres hacer que todo vaya bien y que ambos recuerden ese momento y quieran repetir, calmate un poco. Recuerda y no te lo borres de la cabeza: no todo es meterla.

Falta de empatía
«Odio que todo se centre en el coito. Queridos hombres, no todo pasa alrededor de vuestro pene, hay un mundo más allá por explorar. He tenido varias de estas de ‘pim-pam-fuera’, y es como, ‘¿en serio?’. Pero la eterna condescendencia o la inexperiencia de ese momento te callan la boca y luego ya en tu casa acabas lo que él no hizo», explica Silvia, de 34 años.

«Odio que solo exista el clítoris como lugar de placer, como si fuera el interruptor que todo lo acciona, no somos máquinas con botones mágicos. Además, es mucho más sensible de lo que te puedas imaginar, así que intenta transmitir un poco de eso con tu mano o boca. Una vez le dije a un chico que fue directo en busca de la llave secreta: ‘¿Estás llamando al timbre o cómo funciona esto?», continúa.

«Y ya si nos metemos con el tema del sexo oral, un poquito de paridad, ¿no? Sabemos que os encantan las felaciones, pero intenta bajar un poquito más a menudo. Si nosotras hacemos una mamada es porque queremos y porque a también nos puede dar placer, así que no nos pongas en ese lugar de sumisión, no hace falta la fuerza imperiosa de las manos en nuestra cabeza para probar que podemos llegar muy lejos», concluye.

Demasiada curiosidad
Está claro que el sexo es algo muy íntimo (a no ser que te guste mirar o que te miren mientras lo haces, allá cada uno). Cada pareja o cada mujer es un mundo y no lo que le molesta a una es igual para otra. La confianza es la clave para hablar este tipo de cosas, así quizá debas una tener una conversación para averiguar cómo hacer las cosas mejor.
«¡Cuidado con los innovadores! Estaría bien consultar antes de hacer algunas cosas. Puede considerarse traición si hay algo que no te esperas y es algo muy raro. Pregunta antes, mejor», confiesa Sofía, de 23 años.

En realidad, hay muchas cosas que ellas no soportan y no te dicen. Uno de los principales problemas en la sexualidad es la falta de comunicación. Es cierto que muchas de ellas no suelen expresar sus deseos y dan por hecho que los hombres no lo hacen adecuadamente, no saben o directamente «son malos en la cama». Pero hasta ahora no hay una herramienta mágica que nos haga leer la mente. Por eso, hay que ser sinceros y manifestar qué nos gusta.

«Lo que más odio de un hombre es que me pregunte ‘qué tal lo ha hecho’ después de tener relaciones. A no ser que hayas sido todo un maestro, seguramente la respuesta te haga sentir mal, así que al final acabas mintiendo porque no quieres destrozarle. Lo peor de todo es que no es para aprender y mejorar sino para que su ego se alimente. También está el típico que mientras estamos haciéndolo no para de decir: ‘¿Te gusta?’. ¿Y si digo no? ¿Qué pasa? Y por supuesto, que usen diminutivos tipo «mojadita», «boquita», «coñito». No puedo con ellos», confiesa Lydia, de 40 años.