NELSON C. MONDACA IJALBA*


Escribir sobre las actuales movilizaciones y de los acontecimientos que marcan la historia de Chile en la actualidad, parece pan comido. Sin embargo, nos enfrentamos a cuestiones económicas más profundas. Debemos salirnos de los comentarios que se centran en defensa del modelo impuesto en dictadura y administrado posteriormente por la clase política del binominal bajo la constitución de los 80´s. La lógica de mercado neoliberal tiene, después, de 38 años a Chile en la supervivencia social.

Los chilenos compramos la teoría económica de nuestros gobernantes que bajo el imperio de la ley y el orden de civil, que en la estabilidad política, más con el crecimiento sostenido y la globalización, construiríamos una sociedad más justa, digna, solidaria e igualitaria. Hoy vemos con pesar que compramos todo los argumentos técnicos y teorías de los grandes economistas de la Concertación.

El resultado económico no miente. Nuestra democracia ha servido solamente para el enriquecimiento de los dueños del poder. La riqueza se concentra aún con mayor fuerza en unos pocos. El legado que le dejamos a nuestros hijos, ya no es una pesada carga, simplemente, miseria y lacras sociales. El pacto intergeneracional se rompió y los principales pilares de nuestra civilización se fueron al infierno.

Entonces, me pregunto ¿Qué han hecho los políticos con mi país? La verdad es que la avaricia del dinero, de los negocios y de la pérdida de valores por el bien común, atravesó el alma de la política. Buscando solución a la interrogante, se me viene una sola respuesta a la mente, no es renovación. Meditando, se puede resumir en un solo término de la Real Academia, a la vez, en una frase: “Degeneración; degeneración política de la centro izquierda y de la derecha tradicional”.

Vamos desenredando la madeja. Con el calentamiento global, vivimos en un crecimiento mínimo, una población que no crece pero de un país que envejece rápidamente, una deuda fiscal creciente y un endeudamiento que nos oprime, el desempleo que afecta a nuestra juventud. Un mal que atraviesa a todas las generaciones y estratos sociales. Se suma, la corrupción en las principales instituciones de la República, los efectos negativos y perversos de los altos precios de los suministros básicos, el horroroso impuesto específico transitorio a los combustibles, las extremas bajas remuneraciones y las pensiones de hambre de las AFP´S, otros costos por la salud, educación y vivienda, configuran una triste y lamentable realidad de un holocausto anunciado del centralismo.

Podemos continuar enumerando las enfermedades que socaban nuestra paz social, que violentan nuestras conciencias, donde, todo está sujeto al mercado y al rol subsidiario del Estado.

Las movilizaciones sociales tienen al Gobierno contra la pared. Un cambio de Gabinete no soluciona los problemas de fondo. El mismo Presidente Piñera lo sabe muy bien. De hecho, aquí está en juego lo siguiente: 1) Mantener el modelo neoliberal salvaje y con todas sus graves consecuencias sociales. 2) Poner fin al rol subsidiario del Estado. Aquí está lo más crucial y trascendente de la lucha de la mayoría de los chilenos. Instaurando un nuevo Estado de modelo controlador de las políticas macro y microeconómicas. Este el cambio de verdad que Chile necesita.

Esto significa poner fin a la exclusión, implementando nuevas políticas económicas y sociales. Es decisivo, el rol del Estado en la búsqueda de la participación, la justicia y la equidad por la vía Constitucional. Pasar del Estado empresarial al Estado social, solidario y descentralizado. Programas y leyes en esta dirección, están por encima de los partidos y/o coaliciones de centro izquierda y derecha.

También, este razonamiento creo que es válido a los movimientos y ciudadanos que están en la calle. De tal modo, que la protesta no se desgaste, poniendo en el centro de las demandas sociales, la defensa del interés ciudadano a nivel nacional.

*Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com