La “calle”, que muchas veces fue ninguneada por la clase política, luego de casi un mes de manifestaciones, los hizo sentarse para pensar en  una nueva Constitución y cambiar la que nos rige desde 1980.

Casi a las 2 de la madrugada salió “humo blanco” en el Congreso. Los presidentes de los partidos, senadores y diputados se sentaron a la mesa del salón Pedro León Gallo y anunciaron, a través del presidente del Senado, Jaime Quintana (PPD), la puesta en marcha de un proceso constituyente que permitirá sustituir la actual Constitución de 1980. La expectación era máxima entre asistentes y periodistas, después de una jornada llena de negociaciones que se intensificaron a última hora. Minutos antes de entregar la versión final del acuerdo, y a la espera de que aparecieran todos los protagonistas, la sala vivía momentos frenéticos entre parlamentarios que ya daban declaraciones a la prensa y los que se felicitaban entre abrazos, independientemente de su sector político. Una imagen que se repitió también al finalizar la comparecencia.

El acuerdo presentado por la oposición –excepto el Partido Comunista, el Partido Progresista, el Partido Humanista y el Partido Regionalista Verde– plantea en su primer punto, suscribir un “acuerdo de restablecimiento de paz y orden público”. En segundo lugar, impulsar un plebiscito que se realizará en abril de 2020 y en el que la ciudadanía responderá a dos preguntas: ¿quiere usted una nueva Constitución? y ¿qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución? Aquí tendrá la posibilidad de elegir entre una Convención Mixta Constitucional –formada en un 50% por ciudadanos y otro 50% por parlamentarios que deberán abandonar su cargo– o una Convención Constitucional. Esto último no es otra cosa que lo que hasta hoy se conocía como Asamblea Constituyente, pero, al parecer, esta denominación incomodaba a los sectores de la derecha, por lo que se optó por bautizarla de otra forma.

Tras la lectura del texto, los presidentes de los partidos que suscribieron el acuerdo hicieron sus respectivos pronunciamientos. El estallido social que Chile vive desde hace un mes fue protagonista de los discursos del Frente Amplio y de la ex Nueva Mayoría. Se recordaron a las personas fallecidas, heridas y a las víctimas de los derechos humanos. “Hoy Gustavo Gatica no puede ver”, partió diciendo Gabriel Boric (Convergencia Social) a su turno. “La gente que hizo posible este acuerdo está siendo fuertemente reprimida. En Lo Hermida, en Lo Prado, en Catalina Pérez, presidenta de RD: “Este acuerdo es mérito de la gente, no de los partidos que estamos aquí sentados”, agregó. Natalia Castillo (RD) emocionada, con lágrimas en los ojos, la escuchaba atentamente. A su lado, la presidenta de los gremialistas, Jacqueline van Rysselberghe, no podía esconder su cara de fatalismo: “La UDI hizo un esfuerzo de diálogo en un ambiente donde estaba reinando la violencia, el miedo y la falta de paz en nuestra sociedad”, expresó cuando llegó su turno.

FUENTE: EL DESCONCIERTO