En noviembre de 1973 se vivió quizás uno de los episodios más absurdos que se recuerdan en la historia del fútbol. Un encuentro que nunca se celebró. Un partido fantasma entre Chile y la URSS. Ambos debían disputar en Santiago la vuelta para el Mundial de Alemania del 74. Pero los soviéticos nunca llegaron a viajar, alegando cuestiones políticas y de seguridad.


Apenas unos meses antes había estallado el golpe de Estado en Chile. El Estadio Nacional de Santiago había sido utilizado por el general Pinochet como centro de detención y tortura de opositores al régimen militar.

A pesar de la situación, la FIFA permitió la celebración del encuentro. El máximo organismo del fútbol mundial ordenó saltar a los chilenos al campo, con la ausencia de la URSS, sin rival. Y a modo de ridículo, debían anotar un gol «simbólico» a puerta vacía para sellar la clasificación.

«Fue el show futbolístico más burdo que me tocó vivir. El teatro de lo absurdo», recuerda Carlos Caszely, delantero de la selección sudamericana por aquel entonces.

PINOCHET
Sólo una semana después del golpe, la selección chilena debía afrontar esos dos partidos claves, en medio de una situación de incertidumbre y represión en el país. Primero, Chile visitaría la férrea Unión Soviética, que no permitió la entrada de cámaras ni periodistas al encuentro.

El encuentro terminó con empate a cero. Un resultado muy positivo que daba esperanzas a Chile para el encuentro definitivo que debían disputar en casa.
Chile regresa a casa y espera a su rival para definir cuál de las dos selecciones competiría el próximo año en Alemania. Pero el rival nunca llega. Orden directa del Kremlin. La URSS se niega a viajar y disputar un encuentro en un país convulso y en un escenario de torturas, aún manchado de sangre.

TARDE
Chile esperaba noticias de la URSS en Juan Pinto Durán, lugar habitual de concentración. Dos días antes les anuncian que los soviéticos no llegan. Pero la FIFA no suspende el duelo y ordena a ‘La Roja’ saltar al campo.

«A nosotros nos dio la noticia el presidente de la Federación Chilena de Fútbol, Francisco Fluxá. Viene a la concentración, nos dice que los rusos no vienen, y que, por tanto, estamos clasificados para Alemania. Pero nos dice que la FIFA había ordenado que teníamos que entrar a la cancha, y que teníamos que hacer el gol», recuerda Caszely.

El ambiente en Santiago de Chile no era el idóneo para vivir un encuentro de estas características. Al Estadio Nacional acude muy poca gente. Algunos buscan noticias de algún familiar desaparecido. Apenas 15.000 personas, en un recinto con capacidad para 80.000. Los militares seguían estando en posesión del lugar. Estaban en todas partes: en la galería, en los túneles, en la entrada. Por todo el Estadio.

Entonces, los 11 elegidos entran a la cancha  y el árbitro da el pitido inicial. Cuatro jugadores chilenos avanzan sin oposición y rival, pasándose el balón entre ellos. Una jugada esperpéntica. Al llegar al área, tal y como habían acordado, es el capitán, Francisco ‘Chamaco’ Valdés, el que anota a portería vacía. La farsa se termina. Chile disputará el Mundial de Alemania de 1974. Pero no hubo celebración.

RIDICULA
La Junta Militar decidió jugar en el Estadio Nacional para dar una imagen de normalidad al mundo. La FIFA obvió el horror vivido en el lugar y se mostró condescendiente con el incipiente régimen militar.

«En el fútbol no hay mucha conciencia política. Y entonces nosotros no conocíamos la dimensión de los muertos y de lo que estaba pasando», asegura el recordado «Pollo» Véliz. «Nadie se imaginaba que esa situación iba a transformarse en 17 años de dictadura. Éramos futbolistas, sólo queríamos ir a un Mundial. Pero, con el paso del tiempo, uno quizás pudo negarse a jugar en esas condiciones».

Caszely lamenta que el encuentro nunca llegara a decidirse sobre el campo. «Igual que nosotros tuvimos el valor de ir a jugar a Rusia, ellos podrían haber venido a Chile a jugar. Nosotros nunca nos negamos», explicó.

Aquel campeonato del 74 estuvo protagonizado por ‘la naranja mecánica’ de Johan Cruyff, pese a perder la final ante la Alemania Federal. Chile cayó eliminado en la primera fase.

Aquella ridícula puesta en escena del 21 de noviembre de 1973 pasó a la historia como una de las tardes más tristes en la historia del fútbol, donde el deporte sirvió a intereses partidistas para silenciar la voz de las víctimas.

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