EL SOL DE IQUIQUE


A mediados de los 80 cuando las protestas se intensificaron contra el régimen militar, llegó un nuevo carro lanza agua cuyas características era superiores a los guanacos.

La nueva máquina para los manifestantes era imponente y tenía dos pistones que se giraban en 360 grados. Acá nuevamente la cultura popular bautizó a este aparatosos lanza agua como el Huáscar, recodando al acorazado peruano de la Guerra del Pacifico o del Salitre.

En breve tiempo las calles de Santiago vieron dos Huáscar ‘trabajar’ para ‘mantener el orden público’. Una de las características de este lanza aguas era la autonomía que tenía en carga sus tambores con agua (y a veces con químicos), que cuando se agotaba el líquido, los conductores del Huáscar se estacionaban en una tapa de alcantarillado y con aguas servidas volvían a llenar para seguir dispersando a los manifestantes.

CONTINÚA…

Ojo: esta nota está escrita por un testigo y víctima gaseo, agua potable y aguas servidas, químicos de estos vehículos que me aumentó en algunos casos la adrenalina.