A fines de la dictadura aparecieron un nuevo vehículo anti disturbios que era más pequeño, poseía una carrocería con blindaje y lanzaba gases lacrimógenos en forma lateral a los manifestantes.

El trabajo del nuevo juguete era a la par con el Huáscar, mientras uno lanzaba agua el otro gaseaba a la multitud que pedía a gritos el fin de la dictadura.

Y acá, el pueblo que es la palabra de Dios bautizó el nuevo vehículo como “zorrillo”, que recordaba a animalito Mofeta o Chingue en Chile) cuyo defensas es una sustancia anal fétida, que en bue chileno es un olor insoportable.

El viejo zorrillo de los 80 ya debe ser pieza de museo de la represión. Hoy el vehículo tiene más tecnología y autonomía.

Ojo: esta nota está escrita por un testigo y víctima gaseo, agua potable y aguas servidas, químicos de estos vehículos que me aumentó en algunos casos la adrenalina.