NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Comenzó la batalla Constitucional. No era difícil predecir que los actores contrarios al plebiscito, del domingo 26 de abril del año en curso, iniciaron su campaña del terror en las redes sociales. De este modo, contando con todos los millonarios recursos económicos, distorsionando la verdad y traicionando los intereses de Chile, nos martillean con sus enfermizos “WhatsApp”. La onda expansiva de esta “propaganda negra” se entroniza con la filosofía de la “negación de la realidad”.

Al paso de los días, atando cabos, quedan al desnudo, que la ola de violencia y de injusticias se orquesta, se planifican y, se llevan a cabo por quienes han ostentado el poder económico y político del país, desde, el retorno a la democracia. En mi opinión, la Constitución de los 80 fue clave para alinear nuestra Nación en el modelo del capitalismo neoliberal. La otrora Unión Soviética y de los socialismos reales, fueron parte de la historia humana y su doctrina terminó en el desmoronamiento de su poder, accionar y sistema político.

Una observación. Quienes trabajaron y redactaron la Constitución de los 80´s, lo hicieron pensando en el escenario de evitar una vuelta al cuadro político que propició la Constitución de 1925. Es decir, no abrir por ningún motivo las puertas de la Moneda al socialismo de Lenin y sus distintos liderazgos. Pero, ese mundo ya paso. La guerra fría de esos tiempos, la lucha ideológica bipolar, es cuestión de un destino, ahora completa y absolutamente distinto. Las potencias mundiales ahora se mueven sobre el dominio del mercado planetario y sus estrategias son globales y nacionalistas. Es cosa de ver lo que pasa entre los EE.UU. y China. Los presidentes de ambos países se odian, pero se necesitan…

Retomando el análisis. Los partidos políticos del oficialismo, diputados y senadores, que un día dicen que apoyan una nueva Constitución, mientras al otro día, se suman a la táctica fascista de la “Negación de la Realidad” y se dan la vuelta en el aire, cambian de opinión y van ahora por el rechazo, aduciendo razones injustificables como las que dio a conocer hace unos días, Andrés Allamand y otros parlamentarios de la UDI. Un infantilismo grosero, oportunismo increíble que golpea nuestras conciencias.

Conllevan una grave irresponsabilidad y merecen un reproche de la más severa sanción moral. ¡El estallido social no fue para que los políticos, sean de donde sean, se burlaran de las sentidas demandas sociales, dentro, de las cuales urge una nueva Carta Magna con su propia Constituyente! Se salvan de estas críticas, el senador Manuel J. Ossandón y el alcalde de las Condes, Joaquín Lavín, el Diputado y presidente de R.N., Mario Desbordes. También, hacer mención de algunos Diputados como Jaime Bellolio, entre el sector oficialista y otros que se me quedan en el tintero, quienes se mantienen consecuentes a sus posiciones de lealtad política, argumentando sus razones por la aprobación al cambio Constitucional.

Revisando algunas notas. La Constitución de los 80 ha tenido modificaciones en diferentes gobiernos, siendo las siguientes: 1) Patricio Aylwin 4 –cuatro-. 2) Eduardo Frei 8 –ocho-. 3) Ricardo Lagos 5 –cinco-. 4) Michelle Bachelet 9 –nueve-. 5) Sebastián Piñera 7 –siete-. 6) Michelle Bachelet 4 –cuatro-. Total: 37 –treinta y siete- Fuente: D. Constitucional Chileno Autores: Gonzalo García P., Pablo Contreras V., y Victoria Martínez P. Entonces, quiere decir que la Constitución de los 80, si necesita modificarse para adecuarse a los desafíos del Chile del siglo XXI.

En las Constituciones de 1833, 1925 y de 1980, nunca estuvo la participación ciudadana y el rol de las armas fue decisivo. Hoy, la soberanía popular esta contra la tradicional clase política servicial al poder económico y del rol activo en mantener las estructuras claves en que se sustenta la actual institucionalidad en crisis. Estamos viviendo en otro mundo y experiencia histórica radicalmente distinta a las de los siglos XIX y XX. Aquí, nos enfrentamos a la falacia que “todas las demandas sociales” se resuelven por medio de una la ley. Con todo, cuando una de ésta –ley- favorece al pueblo, entonces, se recurre al Tribunal Constitucional para anular la legitimidad del Congreso y dejar las cosas tal como estaban. Este Tribunal hasta el momento ha recibido más de 2.000 (dos mil) presentaciones. De este modo, el Estado es secuestrado por el totalitarismo de la “ultraderecha”.

Este órgano, ciertamente no tiene independencia y se contradice con la misma esencia de su origen legal. Donde, el pueblo siempre pierde y no tiene ningún poder supremo para legitimar su soberanía. Caramba, debemos construir el bien común partiendo de las “madres de todas las leyes” y ello se expresa en aceptar que la actual Constitución requiere de cambios que nos lleven a un verdadero “desarrollo”, con justicia, libertad y solidaridad para todos los chilenos. Un gran avance de justicia social. En resumen, un gran aporte humanitario, patriótico, republicano, libertario y soberano. El mejor legado a nuestras futuras generaciones está en las manos de la misma ciudadanía.

Un pensamiento más. Los ciudadanos tenemos el legítimo derecho a tomar partido del próximo plebiscito. A tener una determinada posición. Mejor, sí tenemos una opinión fundada y cuyos argumentos superen los ideologismos. Lo valioso es que no partimos de cero. Que somos testigos de que un Estado democrático comienza por respetar la voluntad popular y la asamblea constituyente es su principal pilar e instrumento político.

En otra arista necesaria de la discusión Constitucional, a mi juicio, está en el rol Estado del Capítulo III. De Los Derechos y Deberes Constitucionales. Artículo 19, número 21°, inciso segundo, que dice “El estado y sus organismos podrán desarrollar actividades empresariales o participar en ellas sólo si una ley de quórum calificado los autoriza”.

Este inciso constitucional es perverso, discriminatorio e impone el rol subsidiario del Estado en la economía. No promueve el bien común, más bien, favorece el mercado monopólico de los servicios básicos -por favor, no confundir con propiedad privada- , que especula con las estadísticas y retuerce con más impuestos a la grandes mayorías, que no tiene un desarrollo de industrias tecnológicas, que incuba un alto desempleo endémico, que protege las oscuras especulaciones financieras, la desnacionalización de nuestra principal riqueza como el cobre y un Estado cómplice de varios saqueos a nuestros recursos naturales. Finalmente, un Estado que permite el mayor de todos los abusos humanos y que se materializa en el robo a los ahorros previsionales de los trabajadores chilenos, no tiene nombre, ni límite, ni perdón social.

Simplemente, entre el bien y el mal de la Constitución de los 80, cae por su ´propia lógica y razón, una revisión y una modificación profunda a este inciso. Es lo correcto y verdadero. Actualmente, con esta normativa, se permite de todo. Esencialmente, se trata de proteger el presente y futuro nacional. La paz, el bienestar y la justicia social, dependerán de que este pilar fundamental de nuestra sociedad sea el rayado de cancha para la clase política de turno y para los poderes económicos nacionales y extranjeros.

Por estos motivos y otros, estoy a favor del cambio Constitucional. Nos vemos la próxima semana. Ahora, salgo de la oficina para respirar un intenso aire del mar y costa oscilante del Barrio del Colorado, justo frente a Zofri, mirar el cielo que descubre el pacífico amanecer iquiqueño… ¡Que rico es desconectarse por un momento…!

Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com