NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

De acuerdo a los últimos acontecimientos políticos del país, cada chileno y chilena, tiene el legítimo derecho a tener una opinión y a tomar una posición, sea a favor o en contra de las informaciones que recibimos de los medios de comunicación. Los hechos no siempre tienen una sola faceta de análisis, son como una moneda de dos caras, especialmente, cuando se trata de distorsionar la realidad de los incidentes. Resulta obvio cuando las estructuras del modelo económico neoliberal están en una de sus peores crisis sociales.

En este sentido, a mi juicio, hay varios elementos que han sucedido últimamente y que importa sobremanera en la forma de abordar el diario vivir. Es muy poco probable que alguien no se equivoque. Pero otra cosa muy diferente, es actuar en forma preconcebida para sacar ventajas personales, en especial, cuando un político, sea del sector que sea, busca estar en primera plana de las noticias.

Aquí nos enfrentamos a otra manera de ver las cosas. No se trata de bajar los perfiles de errores verbales y de graves equivocaciones políticas. Lo que me lleva a una conclusión casi lógica y que verifican un axioma “los cabos sueltos en los partidos políticos del oficialismo y de la oposición, a pesar de ser contradictorios, terminan por ubicarse en los extremos de nuestra convivencia ciudadana”.

Ahondando en esta reflexión. Chile post dictadura, bajo los períodos de la Concertación y Nueva Mayoría; esta coalición de centro izquierda administró un modelo que la inmensa mayoría de los chilenos y chilenas, compramos en un abrir y cerrar de ojos. Los tecnicismos económicos del tigre asiático de Sudamérica, los términos académicos del americanismo norteamericano del libre mercado, las banderas del crecimiento en cuadros estadísticos a nivel de los países desarrollados nos presentaban un mapa físico del derecho de vivir con más dignidad y felicidad. De todas maneras, no fue fácil transitar por los enclaves autoritarios hacia la democracia.

En otra etapa de la continuidad de la administración del modelo económico y político, fue cuando la derecha llega al poder. Ayer la Alianza, hoy Chile Vamos; no fue y no es radicalmente diferente con los gobiernos de la Concertación. En verdad cuesta ver, al momento de las comparaciones, las grandes distinciones entre ambos sectores políticos de polos opuestos. En resumen, las dos coaliciones gobernantes fueron muy homogéneas y de complementación del mismo modelo. No fueron antagónicas y representaron fielmente los intereses de quienes fueron y son dueños del poder económico en Chile. Eso es todo.

La cuestión del presente es ver, quien en realidad baja el moño, el pueblo o los poderosos. No puedo y me cuesta creer que los que hicieron inmensurables riquezas, tengan la voluntad de realizar cambios a esta inmoral y corrupta estructura del modelo neoliberal, cuando todavía manejan el timón del barco. Saben que nadie les puede tocar un peso de sus fortunas, menos aún, impedir que su imperio sea de menor tamaño. Sería una involución que, en defensa de sus mezquinos intereses desnaturaliza su esencia capitalista y de la concentración de la riqueza. Por ningún motivo darán su brazo a torcer, sin antes, hacer fracasar la vía pacífica de los cambios estructurales. Este es un verdadero cabo suelto en el seno de la derecha gobernante.

Estos últimos, pertenecen a la alta oligarquía del centralismo, les viene a bien todo lo que altera el orden público, el aumento de enfrentamientos entre civiles con fuerzas policiales, de las existe una exigencia parlamentaria por reestructurar sus bases formativas. La violencia institucionalizada y el caos por falta de seguridad y paz ciudadana; son los senderos que preparan el escenario que justifiquen la intervención armada en el actual proceso social, con todas las tragedias y consecuencias de pérdidas de vidas humanas que ello implica. ¡No están ni ahí con los derechos humanos!

Los extremos políticos nunca ´dejarán de existir y por consecuencia la pasión por la avaricia los une. No muy lejos, se ubican los intelectuales y profesionales del gran Santiago que llaman a poner fin a la moderación, asumiendo un cambio del cien por ciento para hacerse cargo de la situación actual del país. En pocas palabras, “imponer la fuerza a como dé lugar, caiga quien caiga”. De acuerdo con estos bárbaros pensamientos, volveríamos a tiempos del pasado y de la historia, prendiendo el fuego para imponer una guerra civil como las que Chile vivió con Balmaceda en 1891, donde, Tarapacá jugó un rol muy decisivo. Tales posturas ideológicas son de una perversidad que solamente se anida en la mente del fascismo.

Por el momento, hay que centrar la difusión en los fundamentos de una nueva Constitución y en el Proceso Constituyente, comprometiendo a toda la clase política, en jugar un protagonismo responsable, serio y lejos de populismos. Por sobre todo buscando el bien común, por hacer de Chile una nación más justa, solidaria y de un verdadero desarrollo humano. Hay muchas tareas y objetivos demandas que seguirán estando presentes en el debate legislativo… Poniendo un poco de cultura de Shakespeare a nuestra compleja realidad, vamos a la obra de Eduardo III “Morir es tan común como vivir”, año 1592-1593.