Actualmente, nuestros celulares son más de 100.000 veces más potentes que el computador que llevaba el Apolo 11 a bordo y que le permitió llegar a la Luna. Sin embargo, algo que nos puede hacer más conscientes de la potencia que tienen nuestros dispositivos actuales es que nuestro propio cargador USB es más potente que ese ordenador.

El Apolo 11 fue la misión que hizo que el hombre pisara la Luna por primera vez. A bordo de él iban Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, con un computador que fue el encargado de la mayor parte del viaje a la Luna, del aterrizaje, del despegue, y del viaje de vuelta a la Tierra. Y todo con un procesador de apenas 1 MHz.

Sin embargo, en un cargador actual hay frecuencias que son, como poco, diez veces superiores. El cargador de 18 W de un Píxel tiene un chip de 10 MHz, por los 22,7 MHz del de Huawei de 40 W. En el caso de un Anker PowerPort Atom PD 2, la cifra alcanza los 48 MHz. En este último caso, encontramos también en torno al doble de RAM y almacenamiento que el ordenador del Apolo.

Además, el chip ARM Cortex M0 el cargador de Anker y la CPU del Apolo son similares en tanto que no tienen caché y que el acceso a la memoria ocurre a una velocidad contante. Tampoco hay instrucciones raras como AVX, SSE o NEON, de manera que se pueden comparar de manera directa los ciclos necesarios para hacer cada tarea. Así, el chip ARM es en torno a 562,5 veces más potente que el del ordenador del Apolo para la mayoría de las aplicaciones, ya que el chip ARM puede realizar 12 veces más instrucciones por ciclo. Y como se ejecuta a 48 MHz, tan sólo hay que multiplica por esa cifra y dividir por los 1,024 MHz a los que se ejecuta el chip del Apolo.

En cuanto a almacenamiento, dependiendo del tipo de instrucciones usadas, el chip ARM es capaz de almacenar entre 1,78 y 1,19 veces más instrucciones que el Apolo. Por ello, a nivel técnico, el chip del cargador de tu móvil podría llevarte más que de sobra a la Luna. El problema es que el Apolo 11 tenía cuatro ordenadores separados en distintas partes de la nave, por lo que harían falta cuatro cargadores.

También hay que tener en cuenta que, para funcionar en el espacio, los procesadores han de diseñarse de manera diferente y ejecutarse a frecuencias mucho menores que las de la Tierra para evitar, entre otras cosas, que un bit cambie de posición ante la radiación del espacio. A eso hay que sumarle que suele haber varias memorias caché que cotejan los datos entre sí en el caso de que ocurra ese cambio en un bit.

Así, no todos los cargadores son tan potentes como el ordenador del Apolo 11, pero la mayoría de los cargadores USB C actuales necesitan “tanta” potencia para controlar el Power Delivery (PD). Este protocolo de carga permite ofrecer mayor potencia que con USB A, donde se pueden llegar a alcanzar los 100 vatios. El controlador se encarga de detectar y ajustar la energía de manera inteligente y flexible dependiendo de las capacidades del dispositivo.

VIA CLARIN/INTERNET/AV