NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Mientras se hacen todos los preparativos para la puesta en marcha del histórico plebiscito del 26 de abril próximo, cuándo los partidos políticos nuevos y clásicos de derecha, centros y de izquierdas, y sí a ellos, sumamos a los representantes de la sociedad organizada reclama ciertos derechos, en la defensa de sus legítimas posturas, surge una ola de comentarios, se levanta una ola de rumores y múltiples opiniones en torno al mes de marzo.

Entre los que se destacan los más alarmistas, catastróficos y, por supuesto, también están los mesurados y aquellos realistas de la política, una especie en extinción. Lo cierto, que más allá de estas visiones y profecías, un fenómeno recorre Chile y a Latinoamérica. No es el fantasma del comunismo. Es el fenómeno de más justicia, democracia y el fin de la miseria. Sencillamente, la gente, al pueblo se le agotó la paciencia con los Estados que se quedaron en el pasado de las civilizaciones humanas. Quienes estaban y están en el poder lo utilizaron, esencialmente, para servir más los negocios y el aumento de las fortunas de los dueños de las riquezas naturales de cada país.

Al observar este panorama, es como respirar un ambiente de “guerra”. Donde, estos meses de verano y de vacaciones, perfectamente se pueden catalogar de una “tregua”. Entonces, con la vuelta a clases de los estudiantes secundarios y universitarios se termina este “alto al fuego”. En este hilo conductor, los bandos “enemigos” se disponen a vivir el presente y el paso a la eternidad.

La pregunta que nace en esta dirección es ¿A Chile le conviene estimular esta situación? O bien se trata de distraer la atención permanente para que reine el temor sobre los verdaderos acontecimientos futuros, en realidad, se trata de una estrategia con el fin apuntar hacia el fracaso del Plebiscito de Abril. Ya lo hemos explicado anteriormente, en otras columnas, que la oligarquía más cavernaria y conservadora del poder, hará todo lo posible para mantener las estructuras de privilegio que les otorga la Constitución del 80 y su reacción natural es defender sus cuotas de poder bajo todas las formas de lucha. Emplearan todos sus recursos a su alcance en crear las condiciones de ingobernabilidad posible. Un juego peligroso, de saqueos, destrucción y sangre. Tienen los recursos y los medios para hacerlo.

Un párrafo aparte. Nuestra sociedad ha recuperado su uso de razón. En la derecha política vemos rostros que, bajo la luz de sus pensamientos, jamás me hubiera imaginado que estarían a favor del “Apruebo” de una nueva constitución y por una constituyente. El caso más reciente, que se suma en forma pública al de Joaquín Lavín, ahora es el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri. Antes lo habían hecho el presidente de Renovación nacional, Mario Desbordes y algunos diputados como Jaime Bellolio. El fundamentalismo neoliberal de los Chicago boy’s llega a su fin y se abre paso al modelo de desarrollo europeo. Más ciudadano, libertario y democrático.

En la izquierda y centro, están sumidos en recuperar sus liderazgos y se confunden de roles. Son miles los que han renunciados a sus postulados partidarios. El mercado y los negocios los han atrapado. Muchas veces quedan complicados porque las manifestaciones sociales los han sobrepasado en la vanguardia en contra del modelo neoliberal, de este modo, han perturbado su destino político. Aquí no se trata de un ardid y de engaños ideológicos. Vivimos momentos que se instalan en la historia de Chile y no podemos caer en la intriga de la propaganda autoritaria.

En consecuencia, se trata de actuar con diligencia en pos de asegurar la realización del acto cívico más trascedente de nuestra historia republicana. La violencia, venga de donde venga, no puede ser tolerada por la mayoría de los chilenos. Existe una violencia institucionalizada y debemos acabar con ella. Entre los principales actores que pudieron avanzar significativamente en contra de estas injusticias violentas, está la clase obrera. Los métodos de sus logros no lo vamos a descubrir hoy. Radica en su unidad y en su grado de movilización por demandas sociales más humanas y políticas democráticas, por un Chile justo y solidario. Otras clases sociales, también, fueron vitales en la construcción de un Estado de bienestar.

En resumidas cuentas, pensar que el 8 de marzo y la vuelta a clases, más el retorno de las vacaciones de los trabajadores, suponen que será el comienzo del fin de la democracia, definitivamente, es una maniobra de la ultraderecha para hacer de esta retórica una rapsodia de auto profecía cumplida. Su objetivo es crear las condiciones para echar por tierra el Plebiscito. Están, ebrios y borrachos por la violencia, incluso hasta utilizar a los narcos y delincuencia armada, en medio de las protestas con el fin de distorsionar el motivo de las movilizaciones. La prensa servil, no será ajena. El fascismo vive y les aseguro que ya han cancelado a más de doscientos periodistas y reporteros a nivel nacional, por informar acerca del “estallido social”, donde, ni siquiera escapa la radio Bio-Bio.

Por ahora, les queda la tarea cívica a los mismos actores sociales, intelectuales, trabajadores, empresarios, vecinos, estudiantes, trabajar por ganar el “Apruebo” y la Constituyente, cien por ciento social. Siempre firmes en la convicción que debemos levantar una propuesta regional, transversal y que concluya su accionar positivamente. Debemos asumir el compromiso de ganar las redes sociales, sin descanso. Ganar las calles y los cielos de nuestra tierra…unamos como hermanos que nadie que nadie nos vencerá….

Tomar conciencia que en estas responsabilidades de que el plebiscito sea una realidad, me parece, que cobra una de las mayores importancias en las discusiones diarias.