NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

El otro día haciendo trámites en el centro de Iquique, me encontré por casualidad con un viejo estandarte de la dirigencia empresarial de Zofri, un iquiqueño de “tomo y lomo”.

Me dio mucho gusto de saber de su buen estado de salud. Por supuesto que somos de pensamientos políticos distintos, pero cuando se trata de problemas que afectan la actividad comercial de la zona franca, entonces, desde nuestras trincheras nos unimos en la batalla en contra del poder central. Bueno, se trata de Hugo Macchiavello.

Vamos al tema central de la presente opinión. Todo lo que pasa en nuestro país, lo bueno y lo malo, ambas cosas tienen su origen en el rol que juega el Estado en la vida de los chilenos. Hoy por hoy, cuando uno tiene que cruzar el río lo tiene que hacer por el lugar poco ´profundo. Aquí, hay quienes defienden un modelo clásico del capitalismo conservador, explotador y todo poderoso. En otra postura, están aquellos inspirados en el cristianismo, en el desarrollo de un capitalismo de bienestar y en la reducción de la pobreza en forma gradual. En otra visión de este mismo andar, se encuentran los que desean un modelo centralizado de la economía, de la aplicación de las ciencias dialécticas sociales, más solidario y humano del socialismo. Ahora, pasemos por los que aspiran a un modelo de Estado que sea esencialmente, una combinación integrada de ambas filosofías, como el sueño de desarrollo de la Europa más progresista. Finalmente, encontramos aquellos que están por abolir el Estado, y que la libertad sea su mayor expresión de gobierno.

Al ver los avances, medir los retrocesos y sacar algunos resultados, no en sentido reductivo y/o simplistas, entre el tiempo desde nuestra Independencia hasta los momentos presentes, es esencial, ver los pilares de una sociedad que vive una crisis que nunca imaginaron los ”Padres de la Patria”. El marco Constitucional de 1833, fue una verdadera trampa sobre las que fue edificado Chile. Un modelo de Estado propicio para los vencedores de la oligarquía y amos del poder. Una estructura legal que hábilmente utiliza a la FF.AA., en caso que sea necesario para aniquilar a sus adversarios y destruir las conquistas del pueblo. Sin embargo, vemos que entraron de igual manera en crisis, como fue en 1925, posteriormente culminan con la impostura de la Constitución Política de 1980.

Hay que admitir que desde Santiago, los diversos Gobiernos han fortalecido su poder central, sean las Constituciones que fueran, manteniendo un trato desigual y engañoso con las regiones extremas del país, especialmente, con nuestra Región de Tarapacá. No, no es posible creer, que hasta el día de hoy sea considerada como una simple ancla del poder político y económico de la metrópolis de Chile. Somos vinculados a Chile como tierras “conquistadas y/o usurpadas”, donde, la administración del Estado, nos tiene secuestrados esquilmando a los nortinos como esclavos que laboran para sus nuevos colonos chilenos; quienes se llevan la explotación de sus riquezas naturales.

Entonces, amigos y amigas, Santiago teme que su soberanía se vea amenazada por la rebelión de los pueblos del Norte Grande, contraviniendo los dictados del “centralismo político”. El texto promulgatorio de este designio se establece en la actual Constitución, artículos 3° y 4°. Letra legal viva y muerta. Viva para los que están en la Moneda y muerta para quienes vivimos en estos suelos de la pampa y el mar. La autonomía regional les produce terror y les desordena el naipe de la “administración del Estado unitario”. Esta es una de mis razones por las que apoyo decididamente el “Apruebo” de una nueva Constitución. Tampoco, se trata de hacer cambios a tontas y locas. En este sentido, llegó el tiempo de levantar nuestra propia propuesta regionalista sobre los temas principales que debería aprobar una Constituyente ciudadana.

Fijémonos, el actual Estado hace rato que está en el suelo y se hace leña de él con justa razón. Basta de ver el profundo dolor que causa el fraude de las AFP y las Isapres. Tal como están las cosas nuestro orden republicano no tiene futuro. Las drogas, la delincuencia, además, de la corrupción atraviesan en la práctica a todas nuestras instituciones, las leyes no han podido corregir las injusticias y la clase política no logra salir del pantano del descrédito. La pobreza, la miseria y el desempleo, son los dramas sobrevivientes de nuestra historia, emblemas de una crisis que desborda una economía que no logra salir del subdesarrollo. Salvo, contadas excepciones, las grandes empresas invierten en el capital humano y en tecnologías. El bajo crecimiento y el freno a fondo de la productividad, nos golpean sin contemplación alguna.

Por consiguiente, aquí ya no se trata de buscar responsabilidades y de culpar, a unos y a otros. Es mucho mejor ser fructífero y correcto, armonizar esta Propuesta de Autonomía Regionalista, cuya finalidad sea la paz, la verdadera libertad, un bienestar social y ejemplo de dignidad humana, construir una ciudad de estándares de vida de nivel mundial, con valores éticos y morales. Que se perciba el desarrollo humano de un Estado al servicio de todos los chilenos. Exhortamos para que el bien común sea una realidad y no una fantasía legal. Reclamos por ser una ciudad moderna están en todos los puntos cardinales, a su vez, que el progreso de las tecnologías en la economía circulante se aplique sin demora y demagogia. Tenemos mucha riqueza natural y merecemos mucho, pero mucho más. Eso depende de nosotros y de nuestra valentía Iquiqueña, Tarapaqueña…

¡Que seamos libres de utilizar una gran parte de los recursos económicos que producimos!