Nelson C. Mondaca Ijalba


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer será muy distinto al de otras fechas pasadas. Creo que no veremos una flor y el presente de un rico chocolate. Hoy por hoy, se han ganado con mucho esfuerzo y sacrificio, su espacio en la vida nacional. El camino recorrido no ha sido nada de fácil en la vida republicana y democrática de nuestro país. El nacimiento de este día tiene su origen en diversos sucesos históricos, uno de ellos se produjo con las obreras textiles que murieron encerradas -149- en una fábrica de Nueva York.

En Chile, desde, los viejos tiempos de la colonia, el machismo se destacó por impedir los derechos de la participación de la mujer en la toma de decisiones en todo orden de cosas. Siempre fue mirada como una persona de segundo rol, para tareas domésticas y relegadas de su libertad. Un mundo que miraba su figura al imaginario de la debilidad, sexualidad y objeto de las pasiones del hombre. Esa cultura se inculca en las mismas religiones y en las hogueras del infierno de las guerras. La figura del amor esclava del poder machista brutal.

En la Constitución de 1833, en la 1925 y en la de 1980, nunca fueron parte de los súper genios e intelectuales perfectos, semidioses del poder político que la redactaron. Las cuestiones de géneros, de etnias y de los derechos cívicos, la libertad de igualdad, aquellos ideólogos y abogados que escribieron estas Constituciones, jamás estuvieron en sus mentes estas materias sociales y las ignoraron como obra de Dios. Hasta hoy, existen quienes, especialmente en la derecha conservadora, defienden a tontas y a ciegas, estas violentas posiciones de los tiempos arcaicos de la humanidad.

Solamente, a mediados del siglo pasado -siglo XX- solamente cuando la población femenina tuvo derecho a voto, se rompe una de las estructuras del “machismo” abusador y súper poderoso. A la firme convicción de lograr esta gran proeza de igualdad en las elecciones en el voto entre hombres y mujeres, sin dudas, debemos destacar a Elena Caffarena, nacida en esta tierra conquistada. Una gran luchadora profesional que encabezó el movimiento por el sufragio de las mujeres, por consiguiente, para bien o para mal, de acuerdo a su libre albedrío escoger a sus autoridades políticas del país. Este es un hecho notable, trascendental e histórico.

Los problemas del estallido social del 18 de octubre reciente, por supuesto que están vinculados a la demanda del mundo femenino. Hay cosas que no pueden ser objeto de políticas de Estado aberrantes, clasista, discriminatorio y retrógrado. Las mujeres han levantado sus justas banderas para poner fin a la supremacía del “machismo”, sea de donde sea. Las injusticias colmaron hace bastante tiempo su paciencia, se rebelan con mayor fuerza creativa al continuo servicio de viles castas del modelo económico vigente.
La mujer chilena, al igual como en el resto del mundo, se cansó de ser prisionera, ver desangrar sus mejores talentos y virtudes en la propia condición de su ser femenino, por hombres que se creen superiores por la misma razón de su masculinidad e intelectualidad. Los abusos nacen en cada amanecer. La codicia por el poder y la supremacía del dinero, manejan a los gobiernos y a los parlamentarios serviles de este poder, haciendo leyes que oprimen a las mujeres como si fueran burras de carga y las explotan groseramente en aras de nuestra nación. Una representación burda de una violencia que se lleva en el vientre de la institucionalidad de Chile.

Las diversas organizaciones de mujeres hoy se encuentran movilizadas. Recientemente obtuvieron una gran victoria en el Congreso, al lograr la aprobación de la Paridad de Género en la Constituyente, en función de ganar el Apruebo. Entonces, llegan con la moral muy en alto.

Estos movimientos sociales feministas no son violentos y sus actos no tienen nada que ve con la delincuencia, asimismo, como otras acciones destructivas de la propiedad pública y saqueos a privados. Hoy salen a marchar por mejores salarios, por mayor estabilidad en el empleo, por jubilaciones dignas, por el respeto a su dignidad. Dicen basta al femicidio, de poner fin a la discriminación salarial en cargos de igual jerarquías. En la parte laboral equilibrar las responsabilidades de la alimentación, fuero y licencias médicas, por sus hijos e hijas, en edad de sala cuna y jardín infantil. Efectivamente, una participación real y decisiva en el poder político, etc.

Las mujeres, este 8 de marzo, están mejor empoderadas de sus sentidas y legítimas reivindicaciones, su nivel de conciencias, después de todo, las hacen merecedoras de estar a la vanguardia en construir un mejor país para todas y todos los chilenos. Tengo la certeza que sus movilizaciones en las calles son las semillas que darán el fruto de la justicia tan ansiado en todas las vertientes de nuestro Chile. No puedo dejar de mencionar que una de ellas, en el liderazgo político llegó dos veces a la Moneda, Michelle Bachelet, sin dudas que se avanzó. Ahora llega el momento de ir más a fondo. En sus manos descansa esta responsabilidad más radical, las mujeres de Tarapacá, de la pampa y el mar, tienen en sus manos, seguir luchando por una verdadera Regionalización y que la Constitución no sea letra muerta… ¡Más poder regional de verdad adelante con las mujeres!